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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Colmillos Ocultos. Parte V. Capítulos 28-32. Final.

Capítulo 28.


Doblado sobre la mesa, los pantalones bajados, Arensibia vivía un mundo de dolor y humillación, sujeto por miríada de tentáculos. Sodomizado.

En su agonía vio su mano derecha sobre la mesa. Parecía que se encogía. Con un ¡CLICK!, sus uñas se desprendieron y su alianza de oro rodó al desaparecer los dedos en las palmas.

Dejó de sentir dolor. Sus pensamientos, cada vez más vagos.

"¡Cagüentó!", fue su último pensamiento coherente al disolverse, dejando los pocos pelos que le quedaban en la mesa.

Capítulo 29.


Saliendo del baño, Fanny observó la escena. Arensibia se hallaba casi absorbido por la criatura pulpesca que lo estaba canibalizando y sodomizando a un tiempo.

Una luz roja se activó en sus pupilas al iniciar la secuencia de ataque. Objetivo identificado. Ésta era la razón de su existencia.

Había llegado la hora de demostrar de qué estaba hecha.

Capítulo 30.


El monstruo volvió la cabeza. En un instante de epifanía, vio al androide feral y su propósito. Reconoció la primera contrincante que nunca tuvo...incluyendo a Perseo.

La mordida de la Hidra en el pene en aquella ocasión sólo le hizo más fuerte. Esa parte fue la única en petrificarse. Cualquiera no el hijo de Hades.

Capítulo 31.

Colisionaron con el estruendo de quince huracanes y medio. Las ventanas del piso estallaron en lluvia de vidrio.

Su forma invertebrada penetrada por la solidez del titanio. Buscando, a su vez, ser invadida.

Granito entrando en metal, la guillotina que tantos miembros había cortado, rechinando contra la roca. Chispas de antorcha de acetileno los bañaban.

Ella no conseguía cortarle. Él no conseguía extinguir una forma de vida basada en la sílica.

Capítulo 32.


Una desierta ladera rocosa en Macedonia.

Ken aplicó presión en un punto de la roca, que cedió.

Un enorme perro negro de tres cabezas lo derribó y empezó a lamerle la cara con sus tres lenguas.

  -"¡Bero! Yo también te eché de menos. No le gruñas a Fanny, que viene conmigo."

Habían llegado a casa.




Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
High Wycombe, 18/09/2013

Colmillos Ocultos. Epílogo.

Epílogo.

La idea del vampiro y la vampiresa de esta historia me vino hace cosa de dos meses. Pero no cobraba forma.

Hace poco, en el grupo letras, Fabián expuso sus teorías acerca de la falta de paternidad de Hades. Hércules y Perseo, hijos de Zeus...

El Kraken no es en la mitología el hijo, sino la mascota. Pero todos sabemos el caso que le hace un ateo a la mitología.

Mi kraken (Ken para sus amigos) se me presenta como combinación de Calamar de Humboldt, Drácula y la Sirenita de Christian Handersen. Como la rana del cuento, el toque de la mujer apropiada le retorna a su condición.

Fanny, combinación de Terminator, la "Máquina de Follar" de Bukowski y Bender de Futurama. Némesis.

Arensibia es Arensibia. Le copia un par de líneas al Makinavaja. Al fín y al cabo, son hermanos.

La idea original era de narrativa bastante más corta.

Pero la historia se cuenta a sí misma, yo sólo la plasmo.

Agradeciendo que os hayáis tomado el tiempo de leer mis garabatos, y esperando que os haya gustado:

Raúl.

Colmillos ocultos. Parte IV. Capítulos 22-27.

Capítulo 22.


Tras un minuto de aporrear la puerta, Arensibia finalmente perdió la paciencia. Era momento de "astuá o morí". Se sacó el arma reglamentaria, y dio la proverbial patada en la puerta.

La puerta cedió con un crujido. El gemir de las bisagras era casi sexual. Arensibia notó la familiar erección que acompañaba a estas situaciones.

Con su manido "¡tor mundar suelo, coño ya!", dejó que la pistola le mostrase el camino, mientras bebía los detalles.

En la salita, una botella de Rioja vacía y dos copas. Mmmm.

Entró de lado a la cocina. Nada.

El cuarto de baño. Nada.

El laboratorio. Nada.

El cambiador de Fanny. Algo. Perchas vacías, cajones arrancados y ahora vacíos. Ésto empezaba a apestar.

El charco de sangre seca entre las piernas del cadáver del profesor en su cama lo explicaba todo.

Capítulo 23.


¿El timbre a esta hora?

El monstruo resumió su forma humana y miró por la mirilla. ¿Fanny? ¿Cómo supo donde vivía? Llevaba una maleta en la mano.

Abrió la puerta, con una de las pocas sonrisas que se había permitido en su forma humana. La mayoría de ellas, frente al café de la tarde.

  -"Entra, por favor, no te quedes en la puerta."

Capítulo 24.


Sentados frente a otra botella de Rioja.

 -"No lo tomes a mal. Me encanta que estés aquí. ¿Como me encontraste?"

  -"Fácil. Vi el número de tu tarjeta. Un par de conexiones, y listo. Estoy en apuros."

  -"Cuenta."

  -"Me sigue la policía. Necesito un sitio para pasar la noche. Eres el único amigo en el que pude pensar. Es complicado. Sé que sólo nos tomamos un café juntos. Pero es como si ya te conociera de antes."

 -"Hiciste bien en fiarte de tu instinto. Quédate lo que te haga falta. Aquí estás a salvo. Sólo hay una cama, empero. Sin segundas."

Como respuesta, un abrazo.

Ambos pretendieron dormir, aterrorizados de tocar al otro, por miedo a herir, y rabiando al mismo tiempo.. Era la primera vez que les pasaba.

Capítulo 25.


Clamor de ladridos en la Unidad Canina.

 -"¿Qué se lofresse mi Capitán?"

 -"Er mejón bisho de rastreo y combate que tengas."

Arensibia salió del edificio con un animal que parecía cruce de cocodrilo y perro pastor.

Capítulo 26.


Le llevó toda la noche. Al despuntar el alba, el perro se paró delante de la puerta del bloque. Arensibia le dio una galleta y entraron.

Cuatro pisos sin ascensor. Él no estaba ya para estos trotes. Acababa de decidir jubilarse en cuanto cerrara el caso.

Llamó a la puerta. Una voz de hombre (¿había dejado a uno vivir?) respondió tras la puerta...

  -"Un momento."

Quitando el seguro del arma, arensibia se aprestó.

Capítulo 27.


Pistola en ristre, Arensibia dio medio paso atrás al oír el pestillo descorrerse.

La puerta se abrió, mostrando un norteafricano alto, de tez aceituna y barba rizada.

Valiente mierda de perro. Gimoteando, se tiró al suelo, panza arriba en muestra de sumisión. Acto seguido, salió corriendo por las escaleras con el rabo entre las patas.

  -"¡Enga, moromielda, manos arriba; ya de ya, y un paso atrás!"

Con las manos arriba, retrocedió lentamente, como invitando al policía a entrar.

Arensibia cerró la puerta tras de sí.

  -"¡Ar suelo, cojone, bocabajo y manos a laspalda!"

El monstruo obedeció. Al sentir el frío de las esposas en las muñecas, sus piernas eruptaron en maraña de tentáculos.

Arensibia no sabía que había perdido aún antes de llamar a esa puerta.

Colmillos Ocultos. Mesólogo.

Me resulta tan curioso cómo una historia se me puede ir tanto de las manos y adquirir su propia dinámica. Aún desconozco muchas cosas.

Debo admitir que la prosa parece muy distinta del verso corto o el ensayo. Es como vivir con un chimpancé ebrio que no sabes cuándo va a saltar a por la yugular.

Los personajes y sus historias personales han adquirido vida propia en mi mente. Sólo espero ser capaz de plasmar lo que veo.

Incluyo muchas referencias externas que apunto para lectores del otro lado del atlántico.

El sargento Arensibia se me insinuó cuando empecé a describir un detective español. Es mi pequeño homenaje a Ivá, a quien menciono indirectamente. Un comentario de Pedrete acabó de anclarlo en la historia. Os recomiendo "Historias de la puta mili" o "Makinavaja", legados de Ivá.

Fanny y el profesor, parte de un relato corto de  Charles Bukowski, publicado como "La máquina de follar". No pude evitar pensar en Bender y sus problemas con el alcohol. Para él, sólo es problema cuando se acaba.

No voy a entrar en más detalles cuando aún desconozco tanto.

Gracias, Fabián por hacerte preguntas sobre el panteón grecolatino. La pregunta de Hades como padre fue la punta del hilo de la que empecé a tirar, y que sigo tirando.

Todos son, en parte, yo. Estoy  convencido de que sólo se puede escribir desde la ingenuidad. Si se intenta hacer algo que no se siente, se fracasa antes de empezar.

Un saludo,

Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.



martes, 17 de septiembre de 2013

Colmillos ocultos. Parte III. Capítulos 15-21.

III.

Capítulo 15.


Apoyada en la barra del bar, con un güisqui en la mano. Oteando. Su sonrisa, distraída; su mirada, semiausente. Como disfrutando de un chiste en privado.

Fotografías (50 por segundo) inundaban su banco de datos. Hora de analizar. Trago de güisqui.

Tras cotejar los datos, hizo una purga de sistema. El proceso duró 0.000372 segundos. Otro trago de güisqui.

Fanny había sido creada para este entorno. Con alcohol como combustible, tenía una independencia ilimitada.

Desde sus finos pies en estiletos que esculpían su pantorrilla, el zarandeo de sus caderas hasta el vuelo de su pelo, proclamaba al mundo:

CAZADORA.

Fanny se lanzó a la pista.

Capítulo 17.


Sentado en la terraza del café, el monstruo utilizaba la WiFi del establecimiento. Era hora de pensar en levantar el campo.

Con un vestido suelto y zapato de tacón bajo, se aproximaba una mujer como no vio nunca. Ni siquiera su madre...

Perséfone. Ahora se acordaba. Su padre había incumplido la prohibición de conocer a su esposa. Y a él le tocó ser niño repudiado.

Ahora se acordó. ¿Qué tenía esa mujer para devolverle la memoria?

Capítulo 18.


Sentado en la terraza, frente a su café y el portátil. Felino. Distante y tan presente. Se acercó.

  -"¿Está este asiento ocupado?"

  -"No, para nada. Yo, encantado. Póngase cómoda."

  -"No suelo invadir así la intimidad del café. Me llamo Fanny."

  -"Kraken, pero mis amigos me llaman Ken."

Capítulo 19.


De nuevo en el podio. Sudando la gota gorda bajo las luces.

  -"Despué de análisi riguroso pol parte de nuestro departamento de Sicología, sa llegao a la conclusión que estamos frente a un sicópata de musho cuidao. Paresse una combinasión de Aníbal Lester y er del Silencio de los Corderos. El departamento no stá scatimando esfuerzos la aprendé a esta escoria. Nay namás que añadí. Buenos días."

De camino al despacho, Arensibia se permitió una sonrisa de satisfacción, por primera vez en varias semanas. Se lo habían tragado. Igual se debería meter en política.

¡Vaya palique!

Capítulo 20.


  -"Acabo de mentí a toa la prensa. Quiero el problema solucionado ahorita mesmo. La de minoye que nos hemos gastao pa ésto."

  -"Es una incorrrrección menor en el hipotálamo, es como si buscarra el sustituto de la dopamina. En cuanto vuelva, lo arrreglo."

  -"No, en cuanto vuelva, la disconestas. Sacabó el cashondeo. ¿Tamos?

La boca del arma frente a la suya, el profesor asintió.

Capítulo 21.


Torbellino de ideas en el BUS de Fanny. Su procesador de 512-bit estaba al límite.

Dos cubatas más tarde. Ken tenía razón. Nunca había hablado con otro hombre que no fuera el Creador. Era hora de pensar por sí misma.

Lo más gracioso es que Ken pensaba que estaban hablando de teología. Bien pensado, de éso habían hablado.

Después de otros largos cinco segundos de procesar, Fanny tomó una decisión. Se independizaba hoy.

Colmillos ocultos. Parte II. Capítulos 9-14.

Capítulo 9.


"Puta democrasia y ruea de prensa", murmuraba el Capitán Arensibia mientras se ajustaba la corbata. "Y mierda de corbata tamié."

Una ola de flashes al acercarse a la tarima con sus notas:

  -"Güenas tardes. Grasia a todos por venir con tan poco avisso. Intentaré respondé a sus pregunta con diligensia y prontitú, que el debé me llama y no debe uno andá por ahí en vez de trabajá. Se han confirmao la desaparisiòn de osho señoritas que se tratan como asesinato. Sí, ¿el de las gafas a la izquierda?"

  -"Capitán Arensibia, ¿qué medidas está tomando la Policía para detener esta ola de crímenes?"

  -"Me temo quesa é informasión clasificada. Básteme desí que no se están escatimando los medios técnicos. A vé, la señorita rubia de ahí atrá, paso ar frente y pregunta."

  -"Clara Muñiz de Las Mañanas. ¿Tienen alguna descripción del criminal en cuestión que compartir?"

  -"Mide un metro noventa, más o menos, sabemos que é pelirrojo, paresse en tonno a treinta años. El retrato-robó se distribuirá ar fin desta ruea de prensa. Sí, ¿er de la gabardina?

  -"Manuel Rubio, del Mondo Lirondo. Veo que le suena el nombre. ¿Qué cualificaciones puede mostrar para desempeñar su puesto? La última vez que le vi, usted era sargento chusquero. Temo por nuestra seguridad, si está en sus manos."

  -"¡Cagüentó ya! ¡Sacabó la ruea de prensa, tol mundo afuera, ya de ya!

Entre los gritos de protesta, Arensibia se retiró a la seguridad de su oficina.

Capítulo 10.


Tumbado en su jacuzzi, el monstruo escucha la radio. Como siempre, acaban identificando.

Menos mal que acaba de comer. Estos días, no tiene problemas para encontrar sustento. Está repleto.

Nebulosa en el agua, destellos de fuego.

Emerge un hombre negro.

Capítulo 11.


En la calle. Al pasar un quiosco de prensa, ve su vieja cara mirarle al pasar con la gracia del cazador nato.

Debe comer. Un cambio tan radical le ha dejado casi sin energías. Entra en un callejón a recuperar el aliento.

  -"¡Ya eres mío, negrata!" Un skin nazi de tantos le grita desde la entrada del callejón, un bate de béisbol en las manos.

Mirando a su alrededor, el monstruo no ve salida. No es lo que le gustaría, pero debe comer.

El nazi se abalanza, levantando el bate. No puede fallar.

Con golpe a la sien, practicado tantas veces, el monstruo le deja inconsciente. Debe darse prisa.

Tumbando al nazi boca abajo, le baja los pantalones. El monstruo se baja los suyos.

Quince minutos más tarde, en ese callejón hay sólo ropas vacías y uñas mordidas por su dueño.

Capítulo 12.


El Capitán Arensibia irrumpió en el despacho del psiquiatra. Estaba hecho una furia.

  -"A vé, ¿pol qué cojone ha matao usté a mi testigo?"

  -"Arensibia, le estaba esperando. Siéntese, por favor."


  -"Que cojone ni qué.."

  -"Arensibia, por favor. Entiendo su enojo. Siéntese. Sé que ha venido a pedirme una explicación. Manuel P., el juzgado me dio autorización para suspender el respirador de acuerdo con mi criterio médico y el de mis colegas."

  -"Qué cojone ni que...

  -"Por favor, no se repita. Manuel llevaba una semana de encefalograma plano. Es como si su mente muriera en el sueño, dejando la cáscara detrás. Nunca oí de algo así, y está para los anales de Medicina. Es legal y se puede crear problemas. Le pido que lo deje estar."

  -"Qué...

  -"...cojones ni qué. Si, le pedí que no se repitiera. Le pido que abandone mi despacho inmediatamente, o llamo al Tribunal ahora mismo."

Arensibia, sabedor de una derrota cuando se hallaba frente a ella, se levantó y se fue.

Capítulo 13.


Paula, moviéndose en la pista, no perdía detalle. La curiosidad tiraba de ella.

Junto a la barra. Rubio. Alto. No se lo pensaba, se lanzó.

Tras un par de copas, salieron de camino a casa. Al pasar por el parque, decidieron parar.

Lenguas bailando, sintió sus yemas sobre su piel, que parecían esparcirse y cubrirle entera. Fuego en sus riñones, que inundaba su slip. Allí mismo.

Al entrar, ella sintió el comienzo del éxtasis, pero no llegó al clímax. Su forma hinchada en ella pinchaba, hería, su vista se empezó a nublar.

Encontraron su ropa, pelo y uñas por la mañana en aquel preciso lugar.

Capítulo 14.


Arensibia se frotaba las manos con satisfacción. Aquel alemán loco que les prestó la CIA estaba dando muy buen resultado. La trampa estaba casi lista.

Frente a él, sentada en silencio, con la mirada en otra parte, estaba la mujer más atrayente que imaginarse pueda.

  -"Kapitán Arrencibia, le presento a Fanny, la máquina sexual más lograda desde tiempos de Bukowski."

  -"¿Ésto é un robó?"

  -"Es un andrroide. Un rrobot es una lavadora."

  -"¿Y ke hasse?"

  -"Atraerá  su famoso Asesino de la Pelusa, y lo despachará. Es una máquina de matar a base de sexo."

lunes, 16 de septiembre de 2013

Colmillos ocultos. Parte I. Capítulos 1-8.

Prólogo.

Querid@ lector/a:

Bienvenid@ a mi segundo proyecto de novela o mininovela. No lo sabré hasta que no me cuenten la historia. Tú serás el/la próxim@ en saberlo.

Me temo que en ésta ando algo más gótico que en La Cueva de Los Letreros. Espero que os guste.

Sin más, un saludo.

Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.


I.


Capítulo 1.


Como cada mañana, Manuel reptó para salir del cubículo que se había preparado para dormir entre el contenedor de basura industrial, y la pared trasera de la discoteca.

Era el sitio perfecto. Lo suficientemente alto para evitar mojarse. Lo suficientemente oculto para evitar ser detectado. Forrado de cartón y mantas, era lo que llamaba "hogar" hoy en día.

Un bolso de mujer llamó su atención. Abandonado, junto a otros objetos. Un vestido con sujetador dentro. Retazos desgarrados de lo que había sido un tanga. Un par de anillos de oro. Un par de tacones altos, uñas pintadas esparcidas, y una peluca mate, gris, vieja y deslustrada.

Tras embolsarse el efectivo que había en el bolso, se puso a mirar todo con más detenimiento. Estaba todo menos la mujer que, sin sus pertrechos, estaría indefensa.

Un vistazo más cercano a la peluca. Manuel reconoció el toque ligeramente graso del cabello humano. No era una peluca. Las uñas esparcidas tampoco eran falsas.

Sus gritos de horror alertaron a los vecinos, que llamaron a la policía.

Capítulo 2.


  -"¿Te dijo algo el mendigo?", inquirió el Capitán Arensibia. Bajito, calvo y con mala leche, era el arquetipo del ponemultas que había ascendido en el cuerpo a base de sudor y beso en la nalga.

  -"No, mi sargento. Dice que, aparte de su declaración inicial, no hay nada nuevo."

  -"Hace hora y media que debía haber pasado a disposición judicial, mierda de democracia. Asegúrate de que todos sus papeles de entrada reflejan las 13:30."

  -"Si, mi Capitán. ¿Alguna otra instrucción?

  -"Ya me gustaría poderle meter mano como en los viejos tiempos, pero está mal visto. Pide informe psiquiátrico para poder seguir con lamano encima de este sujeto."

  -"Inmediatamente, mi Capitán.

  -"Algo de Forense?

  -"Aún andan mirando, han confirmado que el pelo y las uñas son humanos, de la misma persona. Al no haber huellas dactilares, debemos esperar denuncias de desaparición y contactar familiares de desaparecidos para ADN."

  -"¿Éso es todo?

  -"De momento, mi Capitán."

  -"Quiero tu informe en mi despacho en menos de una hora. Esperemos que la prensa tarde un poco más en darse cuenta. Mierda de democracia."

Capítulo 3.


Manuel miraba por la ventana desde su celda de aislamiento en el ala de Psiquiatría. Como único testigo material de un posible asesinato bajo secreto de sumario, no se le permitía discutir el tema, como no fuera con el psiquiatra.

El juez tardó dos minutos en considerar la evaluación e ingreso, debido al comportamiento tan extraño que mostraba en el sueño.

El psiquiatra tardó un minuto y medio en diagnosticar Síndrome de Estrés Postraumático agudo. Estaba en régimen de prevención de suicidio.

No le importaba mucho. Después de las noches a la intemperie, el hambre  y el acoso (y agresiones) en la calle, se sentía más seguro ahora.

Los sueños... no se atrevía a contemplarlos a plena luz del día. Un río de fuego. Ser niño, jugando con huesos que montaba y desmontaba, animaba y desanimaba. Un látigo de siete colas en la mano.

Manuel se negaba a dormir, su régimen médico se aseguraba de que lo hiciera.

Capítulo 4.


Entrando en el rascacielos, se sentía relajado. Torrentes de energía por sus venas, era capaz de volver a la carga. Había comido bien.

Alto, membrudo y atlético. Sin una tacha en la piel. Pelirrojo como una hoguera en noche de san Juan. Dientes perfectos, organizados en sus hileras como soldados en desfile.

Le esperaban en el banco para una reunión importante con ejecutivos de la central en Japón, con una reverencia al entrar en la habitación:

"Konichi wa, Matsumoto-san."

Capítulo 5.


Capitan Arensibia sentado en su despacho. Su pupitre, una pila amalgamada de fotos e informes sobre el caso que sólo incrementaban su dolor de cabeza.

Dos fotos enmarcadas. Una, su mujer e hijos. Ambos de uniforme. Al lado, una versión más joven en traje de faena de la Legión. La vieja camiseta verde con el emblema y el mensaje "NASÍO PA MATÁ" en el pecho. Qué tiempos.

De vuelta al trabajo. "Sin sudó nay vistoria". Novio de la muerte de detective de Homicidios.

Informe forense: Las muestras de ADN en restos de tejido epitelial de las uñas y folículos de la cabellera gris corresponden a Dña. Almudena R.P., 21 años. Chica local que abandonó la discoteca con un apuesto extraño.

Era un caso de asesinato. Almudena le miraba desde la foto. Era morena azabache.

Capítulo 6.


  -"¿Cuánto tiempo lleva así?"

  -"Desde anoche a las dos y media o así. Se despertó, se puso a balancearse en la cama, sólo dice eso: Styx."

   -"¿Sin dormir?"

   -"Y sin comer, sin beber, se lo hace todo encima. Tiene una fuerza sobrehumana, tenemos que meter a seis enfermeros para limpiar y hacer la cama. Es la única vez que cambia de postura."

  -"Dobla la toracina, a ver si lo sedamos y le podemos poner suero. Es testigo de asesinato, no podemos dejar que se nos vaya."

Manuel, en su celda con mirilla, estaba catatónico.

Capítulo 7.


Un baño de sales. Final perfecto para otro día en una larga sucesión de ellos. ¿Por qué dejó el  mar? Hoy casi se acordaba.

Tumbado en su  jacuzzi, disfrutando de burbujas, el monstruo se desdibujaba. Dedos de tentáculos asomaban de todas partes de su cuerpo. Ventosas con ganchos.

Soñaba con una habitación blanca, cerrada. Tenía miedo. Como tantas veces...

Un halo de luz oscura penetró en sus pensamientos al despertar. Tenía hambre de nuevo...

Capítulo 8.


María abrió la puerta del semiadosado para que saliera el perro. La niña aún no había vuelto desde anoche, vaya cachondeo. En sus tiempos...

Los gemidos del labrador la sustrajeron de sus pensamientos.

En el suelo, frente a la puerta, el bolso, las ropas y zapatos que pagó con la tarjeta tres días antes, al graduarse la niña.

Incrédula, cogió el vestido. Una como pelusa gris se deslizó hacia el suelo.

Entonces reparó en las bragas despedazadas, rodeadas de uñas pintadas de fucsia.