Prólogo.
Querid@ lector/a:
Bienvenid@ a mi segundo proyecto de novela o mininovela. No lo sabré hasta que no me cuenten la historia. Tú serás el/la próxim@ en saberlo.
Me temo que en ésta ando algo más gótico que en La Cueva de Los Letreros. Espero que os guste.
Sin más, un saludo.
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
I.
Capítulo 1.
Como cada mañana, Manuel reptó para salir del cubículo que se había preparado para dormir entre el contenedor de basura industrial, y la pared trasera de la discoteca.
Era el sitio perfecto. Lo suficientemente alto para evitar mojarse. Lo suficientemente oculto para evitar ser detectado. Forrado de cartón y mantas, era lo que llamaba "hogar" hoy en día.
Un bolso de mujer llamó su atención. Abandonado, junto a otros objetos. Un vestido con sujetador dentro. Retazos desgarrados de lo que había sido un tanga. Un par de anillos de oro. Un par de tacones altos, uñas pintadas esparcidas, y una peluca mate, gris, vieja y deslustrada.
Tras embolsarse el efectivo que había en el bolso, se puso a mirar todo con más detenimiento. Estaba todo menos la mujer que, sin sus pertrechos, estaría indefensa.
Un vistazo más cercano a la peluca. Manuel reconoció el toque ligeramente graso del cabello humano. No era una peluca. Las uñas esparcidas tampoco eran falsas.
Sus gritos de horror alertaron a los vecinos, que llamaron a la policía.
Capítulo 2.
-"¿Te dijo algo el mendigo?", inquirió el Capitán Arensibia. Bajito, calvo y con mala leche, era el arquetipo del ponemultas que había ascendido en el cuerpo a base de sudor y beso en la nalga.
-"No, mi sargento. Dice que, aparte de su declaración inicial, no hay nada nuevo."
-"Hace hora y media que debía haber pasado a disposición judicial, mierda de democracia. Asegúrate de que todos sus papeles de entrada reflejan las 13:30."
-"Si, mi Capitán. ¿Alguna otra instrucción?
-"Ya me gustaría poderle meter mano como en los viejos tiempos, pero está mal visto. Pide informe psiquiátrico para poder seguir con lamano encima de este sujeto."
-"Inmediatamente, mi Capitán.
-"Algo de Forense?
-"Aún andan mirando, han confirmado que el pelo y las uñas son humanos, de la misma persona. Al no haber huellas dactilares, debemos esperar denuncias de desaparición y contactar familiares de desaparecidos para ADN."
-"¿Éso es todo?
-"De momento, mi Capitán."
-"Quiero tu informe en mi despacho en menos de una hora. Esperemos que la prensa tarde un poco más en darse cuenta. Mierda de democracia."
Capítulo 3.
Manuel miraba por la ventana desde su celda de aislamiento en el ala de Psiquiatría. Como único testigo material de un posible asesinato bajo secreto de sumario, no se le permitía discutir el tema, como no fuera con el psiquiatra.
El juez tardó dos minutos en considerar la evaluación e ingreso, debido al comportamiento tan extraño que mostraba en el sueño.
El psiquiatra tardó un minuto y medio en diagnosticar Síndrome de Estrés Postraumático agudo. Estaba en régimen de prevención de suicidio.
No le importaba mucho. Después de las noches a la intemperie, el hambre y el acoso (y agresiones) en la calle, se sentía más seguro ahora.
Los sueños... no se atrevía a contemplarlos a plena luz del día. Un río de fuego. Ser niño, jugando con huesos que montaba y desmontaba, animaba y desanimaba. Un látigo de siete colas en la mano.
Manuel se negaba a dormir, su régimen médico se aseguraba de que lo hiciera.
Capítulo 4.
Entrando en el rascacielos, se sentía relajado. Torrentes de energía por sus venas, era capaz de volver a la carga. Había comido bien.
Alto, membrudo y atlético. Sin una tacha en la piel. Pelirrojo como una hoguera en noche de san Juan. Dientes perfectos, organizados en sus hileras como soldados en desfile.
Le esperaban en el banco para una reunión importante con ejecutivos de la central en Japón, con una reverencia al entrar en la habitación:
"Konichi wa, Matsumoto-san."
Capítulo 5.
Capitan Arensibia sentado en su despacho. Su pupitre, una pila amalgamada de fotos e informes sobre el caso que sólo incrementaban su dolor de cabeza.
Dos fotos enmarcadas. Una, su mujer e hijos. Ambos de uniforme. Al lado, una versión más joven en traje de faena de la Legión. La vieja camiseta verde con el emblema y el mensaje "NASÍO PA MATÁ" en el pecho. Qué tiempos.
De vuelta al trabajo. "Sin sudó nay vistoria". Novio de la muerte de detective de Homicidios.
Informe forense: Las muestras de ADN en restos de tejido epitelial de las uñas y folículos de la cabellera gris corresponden a Dña. Almudena R.P., 21 años. Chica local que abandonó la discoteca con un apuesto extraño.
Era un caso de asesinato. Almudena le miraba desde la foto. Era morena azabache.
Capítulo 6.
-"¿Cuánto tiempo lleva así?"
-"Desde anoche a las dos y media o así. Se despertó, se puso a balancearse en la cama, sólo dice eso: Styx."
-"¿Sin dormir?"
-"Y sin comer, sin beber, se lo hace todo encima. Tiene una fuerza sobrehumana, tenemos que meter a seis enfermeros para limpiar y hacer la cama. Es la única vez que cambia de postura."
-"Dobla la toracina, a ver si lo sedamos y le podemos poner suero. Es testigo de asesinato, no podemos dejar que se nos vaya."
Manuel, en su celda con mirilla, estaba catatónico.
Capítulo 7.
Un baño de sales. Final perfecto para otro día en una larga sucesión de ellos. ¿Por qué dejó el mar? Hoy casi se acordaba.
Tumbado en su jacuzzi, disfrutando de burbujas, el monstruo se desdibujaba. Dedos de tentáculos asomaban de todas partes de su cuerpo. Ventosas con ganchos.
Soñaba con una habitación blanca, cerrada. Tenía miedo. Como tantas veces...
Un halo de luz oscura penetró en sus pensamientos al despertar. Tenía hambre de nuevo...
Capítulo 8.
María abrió la puerta del semiadosado para que saliera el perro. La niña aún no había vuelto desde anoche, vaya cachondeo. En sus tiempos...
Los gemidos del labrador la sustrajeron de sus pensamientos.
En el suelo, frente a la puerta, el bolso, las ropas y zapatos que pagó con la tarjeta tres días antes, al graduarse la niña.
Incrédula, cogió el vestido. Una como pelusa gris se deslizó hacia el suelo.
Entonces reparó en las bragas despedazadas, rodeadas de uñas pintadas de fucsia.