Capítulo 22.
Tras un minuto de aporrear la puerta, Arensibia finalmente perdió la paciencia. Era momento de "astuá o morí". Se sacó el arma reglamentaria, y dio la proverbial patada en la puerta.
La puerta cedió con un crujido. El gemir de las bisagras era casi sexual. Arensibia notó la familiar erección que acompañaba a estas situaciones.
Con su manido "¡tor mundar suelo, coño ya!", dejó que la pistola le mostrase el camino, mientras bebía los detalles.
En la salita, una botella de Rioja vacía y dos copas. Mmmm.
Entró de lado a la cocina. Nada.
El cuarto de baño. Nada.
El laboratorio. Nada.
El cambiador de Fanny. Algo. Perchas vacías, cajones arrancados y ahora vacíos. Ésto empezaba a apestar.
El charco de sangre seca entre las piernas del cadáver del profesor en su cama lo explicaba todo.
Capítulo 23.
¿El timbre a esta hora?
El monstruo resumió su forma humana y miró por la mirilla. ¿Fanny? ¿Cómo supo donde vivía? Llevaba una maleta en la mano.
Abrió la puerta, con una de las pocas sonrisas que se había permitido en su forma humana. La mayoría de ellas, frente al café de la tarde.
-"Entra, por favor, no te quedes en la puerta."
Capítulo 24.
Sentados frente a otra botella de Rioja.
-"No lo tomes a mal. Me encanta que estés aquí. ¿Como me encontraste?"
-"Fácil. Vi el número de tu tarjeta. Un par de conexiones, y listo. Estoy en apuros."
-"Cuenta."
-"Me sigue la policía. Necesito un sitio para pasar la noche. Eres el único amigo en el que pude pensar. Es complicado. Sé que sólo nos tomamos un café juntos. Pero es como si ya te conociera de antes."
-"Hiciste bien en fiarte de tu instinto. Quédate lo que te haga falta. Aquí estás a salvo. Sólo hay una cama, empero. Sin segundas."
Como respuesta, un abrazo.
Ambos pretendieron dormir, aterrorizados de tocar al otro, por miedo a herir, y rabiando al mismo tiempo.. Era la primera vez que les pasaba.
Capítulo 25.
Clamor de ladridos en la Unidad Canina.
-"¿Qué se lofresse mi Capitán?"
-"Er mejón bisho de rastreo y combate que tengas."
Arensibia salió del edificio con un animal que parecía cruce de cocodrilo y perro pastor.
Capítulo 26.
Le llevó toda la noche. Al despuntar el alba, el perro se paró delante de la puerta del bloque. Arensibia le dio una galleta y entraron.
Cuatro pisos sin ascensor. Él no estaba ya para estos trotes. Acababa de decidir jubilarse en cuanto cerrara el caso.
Llamó a la puerta. Una voz de hombre (¿había dejado a uno vivir?) respondió tras la puerta...
-"Un momento."
Quitando el seguro del arma, arensibia se aprestó.
Capítulo 27.
Pistola en ristre, Arensibia dio medio paso atrás al oír el pestillo descorrerse.
La puerta se abrió, mostrando un norteafricano alto, de tez aceituna y barba rizada.
Valiente mierda de perro. Gimoteando, se tiró al suelo, panza arriba en muestra de sumisión. Acto seguido, salió corriendo por las escaleras con el rabo entre las patas.
-"¡Enga, moromielda, manos arriba; ya de ya, y un paso atrás!"
Con las manos arriba, retrocedió lentamente, como invitando al policía a entrar.
Arensibia cerró la puerta tras de sí.
-"¡Ar suelo, cojone, bocabajo y manos a laspalda!"
El monstruo obedeció. Al sentir el frío de las esposas en las muñecas, sus piernas eruptaron en maraña de tentáculos.
Arensibia no sabía que había perdido aún antes de llamar a esa puerta.
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