Capítulo 27.
Pistola en ristre, Arensibia dio medio paso atrás al oír el pestillo descorrerse. La puerta se abrió, mostrando un norteafricano alto, de tez aceituna y barba rizada.
Valiente mierda de perro. Gimoteando, se tiró al suelo, panza arriba en muestra de sumisión. Acto seguido, salió corriendo por las escaleras con el rabo entre las patas.
-"¡Enga, moromielda, manos arriba ya de ya, y un paso atrás!"
Con las manos arriba, retrocedió lentamente, como invitando a policía a entrar.
Arensibia cerró la puerta tras de sí.
-"¡Ar suelo, cojone, bocabajo y manos a laspalda!"
El monstruo obedeció. Al sentir el frío de las esposas en las muñecas, sus piernas eruptaron en maraña de tentáculos.
Arensibia no sabía que había perdido aún antes de llamar a esa puerta.
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