miércoles, 18 de septiembre de 2013

Colmillos ocultos. Parte IV. Capítulo 27.

Capítulo 27.

Pistola en ristre, Arensibia dio medio paso atrás al oír el pestillo descorrerse. La puerta se abrió, mostrando un norteafricano alto, de tez aceituna y barba rizada.

Valiente mierda de perro. Gimoteando, se tiró al suelo, panza arriba en muestra de sumisión. Acto seguido, salió corriendo por las escaleras con el rabo entre las patas.

  -"¡Enga, moromielda, manos arriba ya de ya, y un paso atrás!"

Con las manos arriba, retrocedió lentamente, como invitando a policía a entrar.

Arensibia cerró la puerta tras de sí.

  -"¡Ar suelo, cojone, bocabajo y manos a laspalda!"

El monstruo obedeció. Al sentir el frío de las esposas en las muñecas, sus piernas eruptaron en maraña de tentáculos.

Arensibia no sabía que había perdido aún antes de llamar a esa puerta.


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