Capítulo 28.
Doblado sobre la mesa, los pantalones bajados, Arensibia vivía un mundo de dolor y humillación, sujeto por miríada de tentáculos. Sodomizado.
En su agonía vio su mano derecha sobre la mesa. Parecía que se encogía. Con un ¡CLICK!, sus uñas se desprendieron y su alianza de oro rodó al desaparecer los dedos en las palmas.
Dejó de sentir dolor. Sus pensamientos, cada vez más vagos.
"¡Cagüentó!", fue su último pensamiento coherente al disolverse, dejando los pocos pelos que le quedaban en la mesa.
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