Capítulo 9.
"Puta democrasia y ruea de prensa", murmuraba el Capitán Arensibia mientras se ajustaba la corbata. "Y mierda de corbata tamié."
Una ola de flashes al acercarse a la tarima con sus notas:
-"Güenas tardes. Grasia a todos por venir con tan poco avisso. Intentaré respondé a sus pregunta con diligensia y prontitú, que el debé me llama y no debe uno andá por ahí en vez de trabajá. Se han confirmao la desaparisiòn de osho señoritas que se tratan como asesinato. Sí, ¿el de las gafas a la izquierda?"
-"Capitán Arensibia, ¿qué medidas está tomando la Policía para detener esta ola de crímenes?"
-"Me temo quesa é informasión clasificada. Básteme desí que no se están escatimando los medios técnicos. A vé, la señorita rubia de ahí atrá, paso ar frente y pregunta."
-"Clara Muñiz de Las Mañanas. ¿Tienen alguna descripción del criminal en cuestión que compartir?"
-"Mide un metro noventa, más o menos, sabemos que é pelirrojo, paresse en tonno a treinta años. El retrato-robó se distribuirá ar fin desta ruea de prensa. Sí, ¿er de la gabardina?
-"Manuel Rubio, del Mondo Lirondo. Veo que le suena el nombre. ¿Qué cualificaciones puede mostrar para desempeñar su puesto? La última vez que le vi, usted era sargento chusquero. Temo por nuestra seguridad, si está en sus manos."
-"¡Cagüentó ya! ¡Sacabó la ruea de prensa, tol mundo afuera, ya de ya!
Entre los gritos de protesta, Arensibia se retiró a la seguridad de su oficina.
Capítulo 10.
Tumbado en su jacuzzi, el monstruo escucha la radio. Como siempre, acaban identificando.
Menos mal que acaba de comer. Estos días, no tiene problemas para encontrar sustento. Está repleto.
Nebulosa en el agua, destellos de fuego.
Emerge un hombre negro.
Capítulo 11.
En la calle. Al pasar un quiosco de prensa, ve su vieja cara mirarle al pasar con la gracia del cazador nato.
Debe comer. Un cambio tan radical le ha dejado casi sin energías. Entra en un callejón a recuperar el aliento.
-"¡Ya eres mío, negrata!" Un skin nazi de tantos le grita desde la entrada del callejón, un bate de béisbol en las manos.
Mirando a su alrededor, el monstruo no ve salida. No es lo que le gustaría, pero debe comer.
El nazi se abalanza, levantando el bate. No puede fallar.
Con golpe a la sien, practicado tantas veces, el monstruo le deja inconsciente. Debe darse prisa.
Tumbando al nazi boca abajo, le baja los pantalones. El monstruo se baja los suyos.
Quince minutos más tarde, en ese callejón hay sólo ropas vacías y uñas mordidas por su dueño.
Capítulo 12.
El Capitán Arensibia irrumpió en el despacho del psiquiatra. Estaba hecho una furia.
-"A vé, ¿pol qué cojone ha matao usté a mi testigo?"
-"Arensibia, le estaba esperando. Siéntese, por favor."
-"Que cojone ni qué.."
-"Arensibia, por favor. Entiendo su enojo. Siéntese. Sé que ha venido a pedirme una explicación. Manuel P., el juzgado me dio autorización para suspender el respirador de acuerdo con mi criterio médico y el de mis colegas."
-"Qué cojone ni que...
-"Por favor, no se repita. Manuel llevaba una semana de encefalograma plano. Es como si su mente muriera en el sueño, dejando la cáscara detrás. Nunca oí de algo así, y está para los anales de Medicina. Es legal y se puede crear problemas. Le pido que lo deje estar."
-"Qué...
-"...cojones ni qué. Si, le pedí que no se repitiera. Le pido que abandone mi despacho inmediatamente, o llamo al Tribunal ahora mismo."
Arensibia, sabedor de una derrota cuando se hallaba frente a ella, se levantó y se fue.
Capítulo 13.
Paula, moviéndose en la pista, no perdía detalle. La curiosidad tiraba de ella.
Junto a la barra. Rubio. Alto. No se lo pensaba, se lanzó.
Tras un par de copas, salieron de camino a casa. Al pasar por el parque, decidieron parar.
Lenguas bailando, sintió sus yemas sobre su piel, que parecían esparcirse y cubrirle entera. Fuego en sus riñones, que inundaba su slip. Allí mismo.
Al entrar, ella sintió el comienzo del éxtasis, pero no llegó al clímax. Su forma hinchada en ella pinchaba, hería, su vista se empezó a nublar.
Encontraron su ropa, pelo y uñas por la mañana en aquel preciso lugar.
Capítulo 14.
Arensibia se frotaba las manos con satisfacción. Aquel alemán loco que les prestó la CIA estaba dando muy buen resultado. La trampa estaba casi lista.
Frente a él, sentada en silencio, con la mirada en otra parte, estaba la mujer más atrayente que imaginarse pueda.
-"Kapitán Arrencibia, le presento a Fanny, la máquina sexual más lograda desde tiempos de Bukowski."
-"¿Ésto é un robó?"
-"Es un andrroide. Un rrobot es una lavadora."
-"¿Y ke hasse?"
-"Atraerá su famoso Asesino de la Pelusa, y lo despachará. Es una máquina de matar a base de sexo."
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