Quizá leas ésto.
Quizá.
Quizá te lo haya puesto difícil, y puede que decir cosas como las que digo en la entrada previa sea un botón de muestra. Quizá no sea tan quizá
¿Y qué hago? Por alguna parte debe salir.
¿Y qué culpa tengo yo de que resulte tan difícil de creer, o de confiar? La culpa la tienen los que conviertieron el hijoputismo en la norma, no los que debemos vivir con miedo a que nos toque otro.
Mira la cantidad de entrega que recibió Colmillo Blanco antes de volver a confiar. La mano que se arriesga a ser cercenada de un mordisco, una y otra vez.
Mi vida.
Eres.
Es lo que es, decide cuánto quieres de este almacén lleno de cajas con tu nombre como destinataria.
Y vuelve a decidir mañana, o dentro de tres segundos. Ése es mi regalo. Puedes elegir cuanto, cuando quieras.
Encantado de poder hacerlo.
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