martes, 19 de mayo de 2015

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A veces te veo tras letras de cariño y sospecho (sé) que no están dirigidas a mí. Soy feliz de saber que llevas éso.
A veces, me parece ver el odio en tus ojos y no hago más que preguntarme si me volviste a malentender, si piensas que te quise o quiero mal. Debo recordarme que es sólo una posibilidad y no una certeza de que seas tú. Aún así corta, y corta profundo.
No entiendo por qué me leíste mal aquel día. Te herí, y éso me causará llagas que no cierran aunque vengas a besarlas. Sospecho que no lo harás, lo que daría por equivocarme.
Procuro no hablar de ti y mis ojos buscan tu mirada cuando me cruzo con algo digno de compartirse. Callo tu nombre al oír tu voz aún en mis oídos.
Maldigo la canalla que sufrimos, cada uno a su modo, éso sí. Nunca (te imploro), nunca pienses que te incluyo en éso.
Creo que aprendí a amar. Es la duda en grado extremo, o al menos, en lo que toca al beneficio de la duda.
Contra lo aparentemente evidente, te amo sin reservas. Contra lo aparentemente evidente, no puedo aceptar que jamás volveré a oír de ti.

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