Necesitaba venir aquí. No entiendo qué ritmos me gobiernan aún, me rindo a la marea y floto por no hundirme.
A ratos en cada idioma, según me lata el pecho, en grados ridículos de nomadismo.
Ganas las mías. Pues sí. Me desnudo de piel y fibras hasta llegar al nervio, pues sin ti no importa nada, es un juego sin objeto, reglas o sentido, sin victorias o derrotas, sólo las tablas.
¿Celos? Mentiría si dijera que no los hay. Mentiría si dijera que no rabio por sentir tu cabeza dormida en mi pecho y tu pierna como escudo al cerrar los míos. Que bloqueo de mi mente que otras manos te toquen, que tus manos exploren otros…
No, no puedo seguir ese hilo sin enloquecer.
¿Cómo estás? Es lo más apremiante por mi parte. Sin tener derecho a esperar una respuesta de ti, espero.
Y me paso el día diciendo burradas que ahuyentarían a la más pintada. Supongo que existe una cierta libertad en no necesitar a nadie más.
Lo sé, el verbo 'necesitar' asusta. ¿Y qué, si es la verdad de mis días y noches?
Me desnudo de cordura y me limpio la piel de la poca que quede adherida en la ducha.
Casi no toco la guitarra. No te culpo de nada. ¿Cómo hacerlo?
Hablemos tú y yo. Dame las dos ostias que me debes y te daré a lo que te pienses acreedora.
Tuyo,
Raúl.
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