Todos las tenemos, ¿no? Las fundadas y las otras. Yo tengo las mías, claro.
Sospecho de las afirmaciones categóricas.
Sospecho de quien (tras conocerme por décadas) aún sospecha de mí.
Sospecho de la mayoría de las soluciones fáciles, aunque sé que existen.
Sospecho que es el haberse mofado de mí lo que le impide llamar, compañera. Sería una gran pena. Entiendo más de lo que aparento, y menos de lo que creo entender.
Sospecho que sospecha de mí.
Sospecho que el orgullo suele enmascarar inseguridad.
Sospecho que no hay rosas sin espinas.
Sospecho que la seguiré amando, porque el amor no es ciego, sino imbécil.
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