Olas de esperanza y desespero de estos meses en que décadas han ocurrido.
Veo que de mí se oculta, sin saber muy bien por qué. Crece como flor en las sombras.
Sé mis derechos, que infrinjo a diario.
Tengo derecho a olvidarla, compañera.
Tengo derecho a dejar de preocuparme por usted bastante menos, y algo más por mí mismo.
Tengo derecho a concentrarme en el artículo sobre mitos que debiera (quisiera) estar escribiendo.
Tengo derecho a reecontrar la pasión en mis cuerdas y en el fruto de mis manos.
Tengo derecho a encontrar de nuevo el camino de la risa.
No tengo derecho a culparla de lo que me pasa, y no lo hago. No se equivoque. Encontraré mi camino al hollarlo con mis garras.
Tampoco se culpe usted a sí misma. Espero que no lo haga, a pesar de las afirmaciones que oí de su boca y que enmascaraban la duda.
Sé. Sí, sé. Al menos algo. Sé de finales de septiembre, que se aproxima con la parsimoniosa inevitabilidad del glaciar.
Sé que debió hacerse camaleón para sobrevivir, ¿y qué?
Cada un@ sobrevive como puede o quiere.
¿Por qué no llamar a un amigo cuando hace falta?
Yo no juego al escondite. Mi estrategia es diferente.
Ni mejor ni peor, sólo diferente.
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