El claqueteo de pezuñas en el prado, amplificado en las paredes de su cueva, despertó a Leopoldo. Abril había llegado a su prado.
Un olor asaltó su nariz. Otro yak. De todos modos, tenía hambre. Siempre tenía hambre desde que se hizo vegetariano.
-"¡Hola! Soy Leopoldo. Espero que no te importe compartir la hierba del prado."
-"Haz lo que te de la gana. El día en que un leopardo me asuste será el día en que deje de llamarme Jacques."
Leopoldo bajó al prado, no sin un algo de aprensión ante el gran toro lanudo. Comenzó a triscar como cada día. Una carcajada lo interrumpió.
-"He visto cosas ridículas, pero ésta es de Libro Guinness, jajajaja. ¡Un leopardo nival paciendo con un yak!"
-"Es una historia larga y corta a la vez. Hablas con el leopardo que se enamoró de la cabra."
El yak se desplomó en una avalancha de risas, repetidas por el eco de los valles.
-"¡Que me lo hago encima! ¡Un leopardo que quiere cazar a un yak a base de chistes!"
Con una lágrima, Leopoldo se retiró de vuelta a su cueva.
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