sábado, 2 de noviembre de 2013

Puertas.

...tras tomarse un té de jenjibre con miel y dos paracetamoles, Manuela se metió en la cama. No podía más con su cuerpo.

Había hecho bien en llamar a la misión para excusarse. No podía evangelizar con Los Santos de Los Últimos Días cuando era una plaga del apocalipsis con piernas.

Al menos, disfrutaría de un merecido descanso. La Palabra del Señor era un solaz, pero el esfuerzo de llamar a cada puerta, a veces era demasiado.

Tras una oración mental (y castañeteo de diente febril), intentó dormir. Hablando de lloro y crujir de dientes...

...la despertó el ritmo del timbre de la puerta, con la melodía de "Soldados de Cristo". Letárgica, miró el reloj. Las 07:23.

Abrió la puerta de mal humor.

 -"Compañía de Electricidad. Llevamos meses viniendo, pero no abrían, así que optamos por esta solución para ver su contador. Sólo será un minuto."

Media hora más tarde, tras otro té, una tostada sin ganas y dos paracetamoles más, retornó a la cama.

Las 08:02. El timbre de nuevo. 'Adelante, Soldada de Cristo' se dijo de camino a la puerta.

Era un repartidor de Correos, con un paquete para la casa de al lado. Firmó, volvió a la cama.

Las 08:15. El timbre de nuevo. Esta vez, el inspector de la Compañía de Agua.

Las 08:33, llamada de teléfono de telemercado. Manuela colgó con una interjeccion muy poco cristiana.

Las 09:05. El timbre de nuevo.

 -"Buenos días, hermana. Venimos de puerta en puerta para extender la buena nueva de la redención de tus pecados por Nuestro Señor Jesucristo. Pertenecemos a la Iglesia Adventista del Séptimo Día."

Con un grito demente, Manuela cerró la puerta, para no abrirla más.



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