jueves, 21 de noviembre de 2013

Mitos de media naranja.

Lo dijo John Lennon, más famoso que Jesucristo, "nacimos enteros". Imagino (sí, otro doblete) que diría éso antes de encontrarse con Yoko.

Un hombre entero no escribe "Woman" o "Jealous Guy"; para entonces, parte de sí ya no le pertenecía.

Nacemos enteros. No es que nazcamos con la necesidad. Como mis viejos maestros de revolución gustaban de decir, "la necesidad se expresa a través del accidente."

Y, hablando de accidentes, colisioné contigo. Ya escribí de espejos semiopacos.

No es que me faltara una pieza del rompecabezas. Sin embargo, al entrar tú en la foto, hubo mucho más sentido, en las dos acepciones de la palabra.

Al salir tú, queda en mí esa habitación que construiste, donde moraste y moras. Es búnker de hormigón y encofrado de titanio, que resiste los empeños más obcecados y combinados de tiempo y distancia, las armas del olvido.

Dispone de puertas y ventanas a todas partes, do me enseñabas tu mundo. Como niño absorto, bebía de tu elixir de ojos de niña en mente de mujer.

¿Obsesión, o sólo sed por parte del que ha descubierto el valor del agua fresca en el desierto?

Caja acorazada que te espera, por tener tú la única llave.

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