Los aullidos sacaron a Leopoldo de su memoria/sueño, en que la cabra y él tocaban hocicos.
Un crepitar de cascos galopando, y de pisadas en la nieve lo acabó de despertar.
No daba crédito a sus ojos. Bajo el cuarto menguante, cinco lobos perseguían a Jacques el yak. Con un rugido sobrecogedor, amplificado por la caverna a su espalda, se lanzó a la refriega.
Cogidos de lado, por sorpresa, los dos primeros lobos nunca supieron que habían muerto.
Los otros tres, anonadados, se tornaron y formaron semicírculo frente al nuevo oponente.
Jacques, al verse libre de la persecución, retornó, lanzando a dos de ellos al aire con sus astas afiladas. El lobo restante puso pies en polvorosa.
-"Ésto merece contarse, hermano Leopoldo. Pudiste morir. Arriesgaste tu sueño por mí."
-"El no hacerlo hubiera sido el fin de mi sueño. He de morir, de todas formas. Ésa es la apuesta que hice."
-"Hoy mismo salgo en busca de tu amiga. No te prometo encontrarla, o que vendrá, pero sí que intentaré decirle que tú eres tú."
-"Es más de lo que tengo derecho a pedirte, hermano. Ten cuidado en los valles."
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