domingo, 3 de noviembre de 2013

Lobos en el prado.

Los aullidos sacaron a Leopoldo de su memoria/sueño, en que la cabra y él tocaban hocicos.

Un crepitar de cascos galopando, y de pisadas en la nieve lo acabó de despertar.

No daba crédito a sus ojos. Bajo el cuarto menguante, cinco lobos perseguían a Jacques el yak. Con un rugido sobrecogedor, amplificado por la caverna a su espalda, se lanzó a la refriega.

Cogidos de lado, por sorpresa, los dos primeros lobos nunca supieron que habían muerto.

Los otros tres, anonadados, se tornaron y formaron semicírculo frente al nuevo oponente.

Jacques, al verse libre de la persecución, retornó, lanzando a dos de ellos al aire con sus astas afiladas. El lobo restante puso pies en polvorosa.

 -"Ésto merece contarse, hermano Leopoldo. Pudiste morir. Arriesgaste tu sueño por mí."

 -"El no hacerlo hubiera sido el fin de mi sueño. He de morir, de todas formas. Ésa es la apuesta que hice."

 -"Hoy mismo salgo en busca de tu amiga. No te prometo encontrarla, o que vendrá, pero sí que intentaré decirle que tú eres tú."

 -"Es más de lo que tengo derecho a pedirte, hermano. Ten cuidado en los valles."

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