domingo, 3 de noviembre de 2013

El lama (II)

El sol de la tarde refulgía en la cabeza del hombre mientras su arrodillada sombra se estiraba frente a él.

Leopoldo rompió el silencio con un gruñido gutural profundo.

 -"¿Qué se te ha perdido en estos lares?"

 -"Soy tan sólo un humilde lama que vino a conocer al Leopardo Asceta en su búsqueda de la luz."

El rugido de risa de Leopoldo no dejó lugar a dudas sobre su opinión. El gato procedió a revolcarse por la hierba en espasmos de hilaridad.

Confundido, el Lama, prosiguió: "no es corriente encontrar a un predador violento seguir las enseñanzas del Buda sobre la anulación del propio deseo, y la abnegación mostrada al más débil."

Irritado, Leopoldo se sentó frente al lama.

 -"Lo que me faltaba. La presunción humana de ascribir tendencias naturales a sus sistemas ideológicos. No soy seguidor de tu Buda, ni del de nadie."
 -"No busco la luz, porque está en mis ojos, que uso para ver el mundo. No reprimo mis deseos. Muy al contrario. Mis deseos son tan grandes que deciden por mí. Es mi inclinación amar a la cabra, sólo sigo ese impulso. No es mi deseo proteger a todos, sino a ella sólo, y al cabritillo que traiga con ella. Que otros, como las pikas, se beneficien, es efecto secundario."

 -"Pero es de la negación de tus instintos carnívoros de donde has sacado iluminación."

 -"¡Fanático presuntuoso! Mi cabra sacó a relucir lo mejor de mí. El que tenga un espacio seguro es mi deseo más imperante. El ceder al deseo que parte de esa inclinación es lo que me hace ser quien soy. Si me negara a desear, sería carnívoro."

 -"Aún así, te veo como más cercano al Nirvana de lo que estoy yo."

 -"Lo que veas o dejes de ver, me trae sin cuidado. Te diría que volvieras a tu monasterio, antes de que te cruces con mi hermano Leovigildo, o este leopardo pierda la paciencia."

Despavorido, el lama emprendió la retirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario