Acaricio el teclado de la pantalla táctil, arrojando botella tras botella a un mar embravecido.
Beso el cristal opaco antes de lanzarlos, intento imprimir mi reflejo en la vítrea superficie.
A veces, Robinson confía otros mensajes al capricho de las olas, so pena de enmudecer por completo.
...y la traicionera corriente hace de las suyas. Al otro lado del espejo semiopaco, confinado.

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