jueves, 14 de noviembre de 2013

Alas.

Por quinta vez, abro el editor de texto, tan sólo para cerrar un documento en blanco. Mis ideas, a caballo entre la rabia pedestre y el odio metálico de alas de piel.

Se abate la rabia, y la bestia de garra de acero en la esquina de cada ala emprende el vuelo. El látigo de su cola fustiga la nube roja de mi ocaso hasta que el firmamento es un inmenso coágulo.

Desciende sobre los lugareños del pueblo al pié de su peña, y los descuartiza en sinfonía de rugido y grito de horror.

Mi monstruo sigue su camino, imperturbable. ¿A quién se le ocurre hacer su casa allí?

Siempre hay más lugareños en las películas de terror, por fiera que sea la bestia. 'Los idiotas abundan en este mundo', se dijo la bestia al batir sus alas en el vuelo de retorno.


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