Un café escuchando el silencio ensordecedor que los vecinos ponen a todo volumen.
Mi puerta está encallada, descubro cada vez que intento salir. Atrapado en la cúpula, respiro el aire viciado de ausencia, de rabia, de odios dirigidos a mí. Del desprecio y la burla.
¿Arrepentimientos? Uno. El ser tan idiota.
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