domingo, 3 de noviembre de 2013

Afilando la letra ¿Por qué se escribe?

Podría parecer pregunta obvia, con respuesta igualmente obvia. No puedo evitar hacérmela, empero. La acción sin razonamiento no es más que mero automatismo, una convulsión o espasmo.

En la época de medios de comunicación de masa, de Internet y las redes sociales, existe una infraestructura sin precedentes para la extensión de la palabra escrita.

En mi breve experiencia como autor literario, por ejemplo, he sido capaz de exponer mi trabajo al mundo. Sin necesidad de acercarme a una hoja de papel, salvo para transcripciones o traducciones.

Pero éso sólo responde a la pregunta "¿cómo?", no al "¿por qué?" Debo profundizar más aún.

Los temas de la escritura son tan variados como el número de personalidades que cada autor/a lleve dentro, multiplica por el número de géneros posibles... se pierde uno.

De nuevo me salí por la tangente, el párrafo anterior describe el "qué" y el "cómo" se escribe, no el "por qué". Otra vuelta de tuerca...

Se escribe porque se tiene algo que comunicar, por breve que sea. Como un emoticón. O por largo que sea, como El Señor de los Anillos.

Ese "algo" busca la expresión, nos puede, y debe salir o causar dolor. Es al salir que se alivia la presión en la sien.

Para qué negarlo, hay mensajes que se dirigen al público en general, a los de tu círculo personal, a una sola persona, o a un@ mism@. Opciones para todos los gustos.

Se escribe para (al menos) volver a regresar a la obra realizada y pensar: "¡Ajá! Éso era en lo que andaba en ese momento."

Se escribe porque tenemos la urgencia de compartir nuestra visión con otr@s.

No hay comentarios:

Publicar un comentario