Un mundo de sutilezas, donde pocas cosas son lo que parecen ser.
De libertades aparentes, vigiladas y confiscadas sin aviso ni razón.
Donde la forma y el fondo están resoluta e irrefutablemente divorciados.
Donde la violencia está cada vez más enconada de una forma soterrada.
En el que amar no es ya pecado, sino delito punible.
No soy más que forajido de amores, salteador de cariños, bribón acaramelado.
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