Que hace ya mucho (o poco, según se mire) que declaréme a tí y a los cuatro vientos; Benedetti ya lo dijo en mi lugar.
Vivo en la cueva de Platón, donde sólo el reflejo de una sombra enmascarada me llega, maniatado. No soy platónico por devoción, sino por la circunstancia.
Como el carpintero-escultor del Mito de Aristóteles, uso el cepillo y el formón, la gubia y el buril, para morder, verso a verso, nota a nota, el bloque de nuestras vidas, vida mía.
La estatua que se muestre tras nuestros esfuerzos, aún está por ver. En mi mente, infinitas combinaciones.
¿Y en la tuya?
Sólo el tiempo, y tú, decidireis el tema de la estatua, siempre en potencia y acabada a un tiempo.
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