viernes, 25 de octubre de 2013

Explosiones.

Me despierto, como siempre, hasta el día en que deje de hacerlo (en un futuro distante, espero).

Sí, como hombre despierto cada día. Como hombre, afronto los diarios desafíos a la puntería de cada mañana.

Como cada mañana, este francotirador da en la diana (Bullseye!!).

Como cada mañana, los residuos de mi sueño nocturno se filtran en mis ensoñaciones diurnas.

Una petición por parte de mis compañer@s de movimiento artístico me voltea la cara. Hacia esa parte tan mía, tan tuya, tan de cada un@.

Que, conscientemente, me negué a explorar por la explosión que se avecina. La conflagración de mi deseo, frustrado por las circunstancias.

Llamaradas que me envuelven y amenazan consumirme. Que demandan. La bestia en mí, que rastrea a la tuya en vano. La bestia que escondí aquel dia, que demanda campar a sus anchas, rampante.

Que quema como el hielo glacial al contacto con mi piel desnuda, que necesita de tus uñas y dientes. Hielo glacial que ansía fundirse en tí.

Mis manos asen la guitarra por no asir tus caderas, mis dedos saltan, vibran y se deslizan hasta sangrar; mi pulgar, erecto, golpea el bordón.

Mi pobre lengua, olvidada, recita un trabalenguas en tu honor.

Vacío y lleno de tí a un tiempo, te escribo, mi amapola salvaje del entubado Tamarguillo.

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