Vez tras vez, tu existencia es negada. Vez tras vez, soy capaz de evidenciar lo evidente ante mí mismo. No diré que soy terco, así que no lo digo.
Vez tras vez, millones de palabras que rebotaron de tí a mí (y viceversa) en ese partido de tenis inconcluso, al que sólo puedo llamar "lo nuestro".
"Lo nuestro", la ambigüedad del pronombre cuando la etiqueta del sustantivo se resiste a hacer uso de sí misma, por ser inadecuada, insuficiente.
"Nuestro", porque somos tú y yo.
Orgullosa y humilde a la vez, agresiva y tierna, suave y áspera, inteligente e ingenua, avispada, astuta. Mujer, niña. Mía, y no.
Neurótico y lúcido, preclaro y confuso, elocuente y balbuceante, responsable y despreocupado, ardiente y distante. Hombre, niño. Tuyo.
Las combinaciones posibles se me escapan. Siendo "nosotros", todas me hacen sonreír. Mientras, claro está, seamos nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario