El sol se pone temprano, mi niña. En realidad, para mí, era mi noche ya.
El sol se puso tras mis dos colinas un 21 de marzo, cuando me robaron mis equinoccios.
Eres el viento solar, que al acariciar mi polo electromagnético, creó ese mi renacer estival bajo las luces de tu aurora.
Eres la luna llena que ilumina mis noches sin guía.
Eres mi luna nueva en tu ausencia.
Eres mi luna roja en tu aparente eclipse penumbral.
Mi niña Selene, cómo aguardo tu regreso a la noche de este ciego, que fecundes de nuevo con la luz de tu sonrisa.
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