Poco a poco, los sonidos estridentes del grupo que se consideraba la última revelación del evangelio del Rock and Roll, parecían menos importantes.
Eclipsados por la cabellera espumosa que invitaba los labios. Que mordía la lengua y el paladar.
Acabada la jarra, la clásica y familiar presión del pantalón en el vientre se hizo presente. Raudo, al orinal.
Mientras jugaba a ser bombero apagando incendios, Jonás consideraba que tenía su destino en sus manos ligeramente temblorosas.
Sintiéndose abandonado por su amante rubia, regresó a la barra. "¡Jefe, una negra!"
Tras su breve encuentro amoroso con la jarra de Guinness, la renovada presión en la vejiga hizo su aparición, junto con el destello de neón en su mente que trajo las palabras de Stephen King:
"Una cerveza no se compra, sólo se alquila."
Colaboración para Eyaculación Subliminal.
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