Nada nuevo ahí, por desgracia.
Eso no quiere decir que no se pueda poseer, desde el cariño. Desde la admiración y el respeto.
Grabada a fuego en mí, eres mía ya. Me acompañas a cada momento, vives en mí, porque te ganaste tu sitio, ya te vea o no.
Aunque te vea, y te vayas de nuevo, o te quedes. No como propiedad, sino como habitante de mi alma (licencia poética, por supuesto). Te poseo.
No te hará gracia, pero no podrá nadie decir que me escondo tras excusas de buitre. Ni que mis ansias buscaron la propiedad.
Poseo cada uno de esos momentos que atesoro. Los buenos y los malos. Tus alegrías y tus frustraciones. Tus chistes y tus enfados. Tus ganas de vivir y tus indignaciones, hermanas de las mías.
Al igual que sé que me posees. No porque me ofrezca (que lo hago), sino por estar seguro de haber dejado alguna huella que otra en tí. Porque sé quien soy, pero no lo que significo.
Soy tuyo, a tu manera.
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