Bajo la paleta de arco iris en gris y malva de la que sólo es capaz un cielo inglés, divago de nuevo.
Mis pies, en el piloto automático del trayecto rutinario de la casa a la tienda, y viceversa.
Paso por el acostumbrado grupo de malafortunados que hacen de la entrada de la tienda el escenario temporal de sus dramas permanentes. Como siempre, saludo.
Dramas personales, tantos y tan variados. Todos con un tema en común, vidas rotas.
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