El brillo cegador de un sol andaluz de primavera recibió a La Niña a su entrada en el Puerto de Palos.
La tripulación, tras su "accidente" en aguas portuguesas y otro millón y medio de vicisitudes en el largo periplo, se hallaba exultante. Habían vuelto a casa. Desde la cubierta, entonaron un "Te Deum" un tanto entusiástico, mas algo desafinado.
La Villa en pleno, con el Concejo a la cabeza, y el prior del Monasterio se hallaban a la espera de las maniobras de atraque.
Estando la carabela segura en puerto, los marinos obtuvieron venia del Almirante para desembarcar, con instrucciones de regresar al día siguiente a mediodía.
Era una precaución necesaria, los marinos se hubieran amotinado y desertado de otra forma, una vez en tierra firme.
Gritos por todas partes al reconocer hermanos, amigos, esposas, hijos, y tantas caras conocidas. La alegría del reecuentro era casi contagiosa.
Reprimiendo las lágrimas, Txtl se cobijó a la sombra de La Fontanilla. Una mano se posó en su hombro.
-"Bienvenido a casa, Manuel, ya estamos entre cristianos decentes de nuevo. Esta noche la pasamos en el Monasterio de La Rábida. Hasta que Nuestra Señora Isabel decida, eres miembro lego de nuestra Orden de San Francisco de Asís."
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