Mirando mi muro, una de las ocasiones en que intuyo tu chiste. Sospecho que estás. Más que sospecha, certeza.
Chiste que no necesita de mucha imaginación para prever su existencia. Sólo el conocer esa tu carencia de tabúes que enamoró a este viejo iconoclasta.
Lo cual no es decir que tu chiste carezca de imaginación. Tu capacidad de asombro, ingenuidad camuflada y capacidad con el verbo hizo el resto en la ardua tarea de conquistar mi sistema límbico, y hacer latir este corazón un poco más rápido.
Sueña libre, mi niña, abre tus alas y vuela feliz. Tu felicidad es la mía cuando encuentro pocos motivos.
Cuando los tengo, terrible paradoja, soy desdichado por no poderlos compartir con mi amiga.
Imaginando tu risa, me siento algo más vivo. Vuela libre, pásate por mi abrevadero cuando quieras, o puedas.
Sueña libre, con tu cabeza de nuevo en mi hombro y mis labios en tu frente. O donde se te antoje.
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