a veces serenata,
a veces, elegía.
Cómo callarlo.
Mi niño se esconde en el símbolo,
encerrado tras tres candados de idioma.
Mi niño vive de sonrisas,
aunque no se vean o intuyan.
Enigmático al desnudo,
adivinable, como hombre,
oscuro en las luces.
Niño que con su espada de plástico
se enfrenta a la sinrazón como puede.
Niño que lucha para que no se le arruguen los sueños.
Con una nana nueva cada día
guardada en el pecho,
que siempre rebosa.
Y que venga el experto a llamarme lunático, y a mi afecto,
sinrazón,
qué hay de nuevo en éso.
Harta de las fotos de una frase,
de la explicación simplistamente rebuscada,
la rosa se empeña en serlo.
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