viernes, 13 de septiembre de 2013

Sólo palabras, no confundo la forma con el fondo.

Mis yemas supieron
lo que no adivinó el cerebro,
preso en sus líneas divisorias
de categoría y asignatura.
Ataúd de sueño
fue mi cráneo pelado.

Las pifias, tantas.
Soy hombre, al fin y al cabo,
con una botella llena de letra
que arrojo al Wye, esperando
que la corriente me auxilie.

Los patos se guasean de mí.
El cisne que tú y yo vimos,
voló al Sur con sus polluelos,
acumulo nueces
que ofrecerte, mi ardilla.

Como dijo Cicerón,
lo que se ofrece, se ofrece libre,
y si libre, se retira.
Qué necio de mí.

¿Tarde? ¡Nunca!
Temprano, tampoco.

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