Prosista,
contando historias de asesinatos
de conciliar el sueño de niñez.
El poeta,
nacido en adolescencias
de azogue y despertares.
El músico,
nacido en la iglesia,
emigrado a la impiedad
del raciocinio y el rock.
El atleta,
de pista o campos,
ruedas extremas de ciudad
y camino de cabras.
Fuego en la cancha,
hielo en los tobillos.
El truhán, jeje.
Me acojo a mi derecho
a guardar silencio.
A mí, que me registren.
No fui yo, señor comisario.
El militante,
como los otros,
sin saber darse a medias.
El padre,
paciente al empezar,
paciente de impaciencias.
El amigo,
que reanudó conversaciones
hiatadas de veinte años,
como si fuera ayer mismo.
El escritor,
abrazando a su sombra,
domesticando bestia interior
en cocodrilo afectuoso.
El hombre.
Eso mismo;
ni más, ni menos.
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