de los que anduve exiliado.
De jugar con mis chinorris,
charlar con mi viejo (en inglés),
viajar a Badajoz de nuevo.
Correr descalzo en la arena,
y ver las águilas,
el espárrago triguero,
la pirita de la Ribera,
y el zorro
de mis veranos.
Niño en perro viejo.
De buceos en arrecifes
y llamarme Juan Salvador Gaviota.
De mi pista de Chapina, y el Río,
y bacanales y locuras varias,
de desafiar a la muerte, ileso.
De sentir la almohada en mi espalda
en recuerdo de abrazos.
De la ignominia del estereotipo
por sentir tus labios en los míos,
y no poder negarme a plasmarlos en un verso.
De despertar desorientado,
ni feliz ni desdichado.
Que la miel del espejismo
sobrepasa el vinagre del evento.
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