Prólogo/Introducción.
Bienvenid@s a mi más reciente proyecto.
En mi resurrección reciente como creador en letras, exploré (y sigo explorando) nuevas formas de expresión para las historias con las que me encuentro.
Un período de reflexión personal me llevó a cuestionarme a niveles muy básicos. Me hallé mirando (y admirando) la pintura rupestre del Paleolítico que nos ha llegado. Una cosa llevó a la otra...
Debo aclarar que no soy experto, pero que de siempre tuve interés en la Historia y sus manifestaciones en el arte.
La época es el Calcolítico, esa transición tan geográficamente diversa.
Aunque tengo una idea aproximada de cómo va la historia, aún me la estoy contando.
Éste es un viaje personal de descubrimiento. Espero que disfrutéis la mitad de lo que lo hago yo.
Sin más,
Raúl Pinto Ocaña.
en 22.8.13
I. África.
Capítulo 1.Merk miraba el cielo sin nubes de un julio en calma como otros muchos. Esperando a la orca que anunciaba el festín de atún de su pueblo.
Muchos no volvieron, y Merk tocaba su amuleto en homenaje silencioso de ello. Demasiados niños que dependían de los pescadores para comer. Con la lluvia excesiva, la caza se había desperdigado este año.
Era la deuda que contrajo con sus ancestros. Le dieron de comer cuando era niño, ahora le tocaba a él. A pesar de todo. El día llegaría en que su espíritu viajaría a la Roca allende el Mar, benefactor y verdugo.
Esa Roca que sólo un día claro, como hoy, se divisaba en brumas desde su costa.
Alto, membrudo, de oscura tez, Merk era uno de los iniciados. Además de trabajar el sílex y la madera, había tomado parte en expediciones en busca de la malaquita verde que tornaba en magia líquida y sólida. Cobre.
Ahora, calafateando el bote, siguió meditando. Deseaba que su espíritu fuera digno de la Roca.
Capítulo 2.
Diez botes osaron las bravas corrientes del Mar Entre Dos Mundos. Doce remeros por bote, arrastrando otro cada uno para acarrear la cosecha esperada.
Las grandes aletas dorsales de la orca en la distancia, persiguiendo el atún. Orca, amigo y devorador a un tiempo. Los guerreros del agua consideraban un gran honor formar parte del cuerpo de semejante amigo de la tribu. Un honor que nadie tenía prisa en alcanzar.
Merk, como iniciado, era patrón de bote. Esperaba la orden del Jefe de Caza para lanzar arpones. Se encontraba intranquilo hoy.
Heb se estrenaba como Jefe de Caza. Sólo había sido patrón de bote una temporada... pero era el hijo del jefe, asentando su futura autoridad.
La señal vino demasiado pronto. Aún el cerco no se había completado. Merk ordenó a sus pescadores que lanzaran sus arpones.
El agua hervía con aletas y sangre de atún. Grupos de arponistas halaban el gran pescado azul a medida que iban arponeando.
Un grito se oyó a la izquierda de Merk. Uno de sus arponeros había sido arrastrado, atado al cable. Sin pensarlo, saltó sobre la borda.
Golpeado por el atún, Merk tuvo dificultad en orientarse. Tras medio minuto de esfuerzo frenético, encontró el cabello del pescador. Tiró y tiró, hacia la luz de la superficie.
Gritos de horror al retornar al bote. Faltaban las piernas del arponero, claramente comido por un tiburón, ese demonio del mar...
Los botes se apresuraron de vuelta a la costa. El mal agüero había arruinado la caza. Merk estaba atado a la proa de su bote.
Capítulo 3.
Gritos de dolor atravesaban el poblado, llorando la pérdida de la caza a manos del demonio tiburón. El rescate de un cuerpo parcialmente comido por este depredador era un omen de mal augurio.
El espíritu del pescador había sido atormentado de la peor forma posible. Nunca llegaría a la Roca. El demonio volvería a atacar con impunidad, ahora que las defensas espirituales de la caza se habían quebrantado.
Merk, sentado detrás de la cabaña del jefe, aún se hallaba perplejo. Toda su vida pasando por sus ojos. No se hacía ilusiones.
Sólo había dos posibles opciones. Lavar la afrenta con su sangre en el altar, o ser el guardián de su compañero muerto. Debería guiar el espíritu atormentado a la Roca.
Aún maniatado e indefenso, sentía rabia.
Sabía que Heb estaba presionando a Lut para que se emparejara con él. Dulce Lut.
Que ahora, después del accidente, aparentaba no verle. Merk no podía esperar a hacerse cargo de su último viaje.
Manos firmes lo elevaron del suelo, y lo arrastraron al templo. Una nube de humo tornó la gran sala en formas difusas de animales a punto de saltar de las columnas para devorarlos.
Lut se hallaba allí también. Portaba la daga ceremonial junto a la Sacerdotisa, su madre. Al otro lado, Jefe y su hijo, Heb.
-"Un gran sacrilegio ha tenido lugar hoy. Un cuerpo que pertenece al mar fue robado, por este pescador. Es culpable de negar al espíritu de un valiente el descanso en la Roca."
La multitud, apelotonada, comenzó a temblar. Hacía falta un sacrificio.
-"Es por eso que este pescador tiene la tarea de acompañar al espíritu perdido a la Roca."
Acto seguido, Lut usó la daga para cortar el pelo de Merk, e hizo un cordón, mezclando éste con el pelo del difunto. La sacerdotisa habló de nuevo, al atarlo en su cuello.
-"Expía tus faltas en el Mar Entre Dos Mundos, y guía este espíritu a la Roca."
Merk se dirigió a la playa, seguido de la multitud.
Capítulo 4.
Merk estaba muerto. Desnudo como nació, cubierto en rojo ocre mezclado con grasa, se encaraba al mar. Su mente, un torbellino en paz.
Las miradas de desprecio habíanse cambiado por la apatía e indiferencia del que no ve. La única que reconocía su existencia era la Sacerdotisa, cuya labor era la de enviar su espíritu de viaje.
Al entrar en el agua, una sensación de irrealidad. La fría caricia del agua de mar en los testículos, tan desagradable. ¿Cómo era posible, habiendo muerto ya?
Con el agua al pecho, Merk empezó a bracear. Una canoa, con la Sacerdotisa y veinte remeros iniciados. En la proa, cómo no, Heb.
Una sensación de odio se apoderó de su pecho. ¿Cómo era posible que él, que ya estaba muerto, uno de los espíritus ancestrales, sintiera odio por un miembro de su tribu? Siguió braceando estoicamente.
Recortado contra la luna, el familiar islote con olor a perejil, con sus laderas vestidas de cabras. Siguió braceando. Había encontrado el ritmo de su respiración.
Quedaba claro que la Sacerdotisa pensaba acompañarlo, nutrir su espíritu en el viaje al más allá. La tribu la echaría de menos cuando tuviera que retirarse.
Llegó la mañana, Merk seguía braceando entre las olas, sorprendido de que el Mar Entre Dos Mundos no lo hubiera reclamado ya. Para prevenir el retorno de su espíritu al Mundo de los Vivos, la canoa proseguía su labor de escolta.
Durante la noche, la Sacerdotisa le había lanzado paquetes de comida y un par de bolsas de agua, como regalos votivos. Merk se sintió sorprendido de que la comida y el agua siguieran nutriéndole, a pesar de estar muerto ya.
Siguió nadando.
Con el sol en su cúspide, un grupo de delfines se acercó. Espíritus juguetones del mar, ahora que la Roca se divisaba claramente.
La Sacerdotisa tomó ésto como augurio de que la Roca aceptaba a los dos espíritus, y ordenó a Heb que iniciara el viaje de retorno. Era la primera vez que un espíritu había seguido tanto tiempo a flote.
II. Entremundos.
Capítulo 6.El frío de la lluvia en la cara y los dedos de la Roca en su espalda despertaron a Merk. Sin saber cómo, había llegado. Ahora , ¿qué?
Sorprendido de sentirse tan vivo, sabiéndose muerto. La lluvia frígida contra su magullado cuerpo de muerto. Debía buscar refugio en esa cueva.
Magullado, pero seco, Merk comenzó a buscar materiales para un fuego. Muerto o no, estaba aterido de frío.
Deambulando por la caverna, la siguiente vista le dejó petrificado.
Huesos. En la Roca. Estando muerto ya, se acercó a investigar.
Un cráneo. Como el suyo. Tan diferente. Era como si a un cráneo echo de barro fresco le hubieran apretado la frente hasta aplanarla. Con la parte trasera tan abombada como una de las vejigas que usaba como boyas al pescar.
¿Ancestros? ¿Quién, si no? Mirando a las órbitas vacías, le dijo:
-"Venerable ancestro, acepta ésto y guíanos a la luz."
Acto seguido, se quitó el collar de pelo humano y lo puso alrededor de la extraña calavera.
Vencido por hambre y sed, salió de la cueva y escaló la Roca hasta llegar al bosque. Para su sorpresa, los mismos monos de su niñez saltaban de rama en rama.
Merk cogió una ramita seca y empezó a sacar hormigas del suelo.
Desagradable, pero no podía rechistar. Acto, seguido, buscó pupas de escarabajo en troncos podridos. Ya se sentía algo mejor.
Con su parsimonia habitual, se puso a trabajar el sílex que había encontrado entre la caliza de la Roca. Lo primero, un hacha y un par de cuchillos para herramientas de caza.
Más tarde, cayó dormido junto al fuego. Tenía ya dos hachas, tres lanzas, dos arpones y varios cuchillos.
Capítulo 7.
El amanecer encontró a Merk refugiado del viento en el noroeste de la Roca, que resultó ser una isla cerca de una costa. Como aquel islote de cabras y perejil cerca de su hogar.Aún sabiéndose muerto, se seguía comportando como si estuviera vivo. Seguía teniendo hambre, sed, frío. Seguía necesitando orinar y evacuar. El mundo de los espíritus le confundía. Aún no podía recordar cómo o cuándo se había convertido en difunto.
Desayunando navajas que habia encontrado en la arena, siguió mirando a la marea, cada vez más baja.
Aún no podía creer sus ojos. El mar, al retroceder, había abierto un istmo conectando la Roca con la costa allende ¿Señal o trampa? Merk se debatió en la indecisión hasta que la marea le volvió a cerrar el paso.
Pasó la tarde y la noche en un tumulto de dudas. No podía seguir en la Roca. Aún encontrando de comer, no tenía acceso a pieles para ropa, huesos para herramientas, o la carne que sólo un animal grande podía proporcionar. Sin saberlo, había recomenzado a vivir.
Después de tres días observando la marea, decidió que el istmo aparecería cada mañana, con la marea baja. No era experto en espíritus, pero conocía bien el mar.
Pertrechado con sus nuevas herramientas y armas, Merk pasó al Continente más allá del Mar Entre Dos Mundos.
Pletórico y temeroso a la vez, se adentró en bosques como los del monte de su hogar. Y, a la vez, tan distintos.
Aunque era capaz de identificar las plantas, y muchos de los pájaros, no sabía qué pensar de los animales.
Como en su tierra, había leones. En cambio, las zebras habían perdido sus estrías, los cuernos de los antílopes parecían árboles, No había ni ñu, ni búfalo, sino bestias que se asemejaban a ambos, y mucho mayores que el mayor de los búfalos...
Merk se decidió a cazar uno de éstos. Tenía un plan.
Capítulo 8.
Tras tres días de labor ardua, Merk estaba preparado para la caza del Uro. Había cavado ya una fosa para atrapar a la bestia, y una avenida para perseguirlo.Había dejado armas cerca de la fosa, para tener las manos libres. Sólo quedaba esperar. Tenía antorcha preparada para comenzar la persecución.
La gran bestia se tomaba su tiempo, paciendo. Merk ya había observado la increíble velocidad y fiereza de esta criatura, y sintió un algo de aprensión.
Por otra parte, no tenía nada que perder. Estaba famélico y, al fin y al cabo, había muerto ya. Se decidió.
Tras encender su antorcha, emergió desde detrás de la roca en que se había escondido.
A grito pelado, molineando la antorcha, cargó contra un animal del tamaño de un rinoceronte.
El toro, quintaesencia de gracia y muerte, lo miró, impávido. Merk siguió avanzando en su carrera, a gritos, hasta que estuvieron cara a cara.
El toro explotó a una, levantando a Merk como a una pluma del suelo. No una, sino tres veces.
Con los últimos residuos de la conciencia en su cuerpo quebrantado, Merk oyó un ulular sobrecogedor.
Y el mundo se fue a dormir. Con él, Merk.
Notas de Viaje.
Querid@ lector/a:
Otro alto en el camino. Merk yace herido y necesita primeros auxilios. No le dejaré mucho tiempo. La ambulancia viene de camino.
Esta parte de la narrativa me trae un recuerdo especial. Mi propia visita a la Roca. Gibraltar no es española, pero es muy andaluza.
Recuerdo mi visita a la Cueva de San Miguel. Me hubiera encantado ver la cueva de Gorham, donde existen los restos de Neandertal más recientes que se conocen, 24000 años, más o menos. Merk visitó la cueva en nuestro lugar.
Parece que Merk se está empezando a dar cuenta de que está vivo. Aún no tiene la certeza, pero ya me contó su historia al oído. Al menos, esa parte.
De la fiereza y el tamaño del Uro, hay documentación muy abundante. El último Uro en estado salvaje fue cazado en Polonia en el S. XVII.
Ahora, sin más, voy a almorzar y ayudar al pobre Merk.
III. Renacer.
Capítulo 9.Dolorido y maltrecho, Merk se despertó en la penumbra humeante de lo que parecía ser una choza. Una figura de mujer le daba la espalda, arrodillada frente al fuego.
Sediento, Merk no estaba seguro de qué modales observar frente a otro espíritu. Si pudiese levantarse, iría él mismo a buscar agua.
Su pierna derecha estaba entablillada, la inflamación, muy presente. Intentó levantarse.
La mujer se lo impidió, pareciéndole decir que se quedará sentado con gruñidos que no sabía entender. Si los dos eran espíritus, ¿cómo es que no hablaban el mismo idioma?
Hizo un gesto de llevarse una taza a la boca. La mujer le trajo una tisana humeante. Al ver que Merk no entendía, le preguntó en Fenicio:
-"¿Prefieres agua?"
-"Sí, por favor."
Para añadir a su confusión. ¿Cómo es que esta mujer entendía y hablaba el idioma de los Marineros del Este? ¿Acaso era el idioma de la Tierra de los Espíritus?
La mujer, al oír esa pregunta, se rió con una cascada de terciopelo de la que sólo es capaz una mujer viva, y le trajo agua.
Acto seguido, la mujer se presentó como "Sita", y le dió un cuenco de sopa de una carne recia, que sólo podía ser la del Uro.
Capítulo 10.
-"¿Cómo es que atacaste a Toro totalmente solo? O eres el hombre más bravo que conozco, o bien estás loco, o eres un completo idiota."
-"Daba igual, ya perdí todo. Estaba desesperado, a pesar de estar muerto. ¿Son los otros espíritus tan curiosos como tú?"
Aquella risa libre de nuevo, llenando la choza, rebosando por la ventana y el hueco que hacía las veces de chimenea.
-"¿Quien te dijo que estás muerto? Por un buen rato, casi lo estuviste, pero te aferras bien a la vida, Merk."
-"Si no eres espíritu, ¿qué eres? ¿Quién es esta gente? ¿Cómo es que hablas en el idioma de los Marinos del Este?"
-"Todo a su tiempo. Dime, ¿quién eres y por qué estás tan convencido de ser un espíritu de viaje?"
Y Merk le contó de su infancia en la costa, de la Roca en lontananza. Del atún, de Heb, de Lut, de los Marinos del Este que venían a por cobre, del accidente de caza. De su ostracismo y funeral. Del cruce a nado...
Y Sita le contó. Su pueblo era sólo una tribu de un pueblo llamado Iber.
Guardianes de la Roca. Devotos de Toro. Granjeros. Pescadores. Mineros de malaquita. Los Marinos del Este también visitaban estas costas.
Ella era Mujer Medicina. Hija adoptada de la anterior. Dedicada a cuidar a otros. Definitivamente, no un espíritu.
Merk aún seguía protestando de su condición de espíritu. Ella le convenció de la única forma que supo. Puso la manta a un lado y le mostró una mujer de carne y hueso.
Y le demostró que él también lo era.
Capítulo 11.
Pasó media luna.
Merk, bajo el atento cuidado de Sita, siguió recuperando las fuerzas perdidas en el cruce y la hambruna posterior.
Se sabía vivo. Aún no estaba seguro de si había estado muerto, o de si la Mujer Medicina simplemente le había convencido de algo que ya sospechaba. De todos modos, ella poseía una magia poderosa. Era innegable que podía resucitar a un muerto, si se lo proponía.
Apoyado en sus muletas, salió de la choza como cada mañana. Ya estaba empezando a comprender el habla de esta gente de tez aceitunada.
Le llovían las preguntas. Los cazadores, impresionados por su súbita aparición, le apodaron El Guerrero Negro, Cruzador de Mar Sin Retorno, Elegido de Toro.
El jefe de la tribu buscaba su compañía, de la que sacaba más prestigio por asociación. Merk, por su parte, aprovechó la compañía para aprender el idioma y las costumbres.
Esta noche había un Festival. Era la Luna Llena de la cosecha. Fiesta de Fertilidad. La aparición cuasi milagrosa de Merk le daba un carácter especial.
Sentado a la sombra, Merk observó las cantidades ingentes de malaquita verde apiladas junto a la choza del jefe.
También observó no haber visto un simple objeto de cobre en su estancia. ¿Cómo podían tener tanta malaquita sin cobre?
Preguntar al jefe fue una revelación. Los Marinos del Este intercambiaban la malaquita por algo llamado "aceite". Una sustancia pegajosa usada como medicina, paral lámparas sagradas y platos de ofrenda a Toro.
Un brillo cruzó la mirada de Merk.
Notas de Viaje.
Ésta parte ha sido bastante breve.
Obviamente, Merk se está recuperando de sus heridas en un asentamiento de tipo Neolítico en lo que es hoy la provincia de Cádiz.
Un aparente anacronismo. La presencia fenicia en el Sur de Iberia en esta época. Lo asumo como licencia artística.
Aún así, hay evidencias de rutas marítimas y la tecnología náutica necesaria desde el Mesolítico.
Por otra parte, tiene sentido que los contactos iniciales hayan sido en torno a la comercialización de la malaquita como materia prima.
La economía del Sur de Iberia daría un gran salto adelante con la extracción del estaño, materia clave para fundir bronce, que sólo se encontraba en ciertas zonas, como el Suroeste de Gran Bretaña y el Sur de Iberia.
La siguiente parte de la novela me sumirá en investigación sobre la geografía de los yacimientos, así como sobre tecnologías paleometalúrgicas.
Considero éste como un proyecto interactivo, en el que tenéis la oportunidad de ver, en primera fila, el nacimiento de un libro. No sentais timidez si tenéis alguna pregunta o aclaración.
Esperando que estéis disfrutando de este proyecto la mitad de lo que lo estoy haciendo yo.
Un saludo.
Raúl.
EL FRANCOTIRADOR LÉMUR.
IV. Forjando Magia.
Capítulo 12.
Merk trabajaba una vejiga de oveja junto al fuego. Una vez curada, había introducido una válvula trasera. La entrada, fijada a unillo de vértebra. Parecía odre, sin serlo.
Había discutido con Sita acerca de la sustancia mágica. Cobre. Aunque inicialmente inverosímil, Sita había descubierto que la mente de Merk era aún más poderosa que su físico.
Sita comprendió por qué los Marinos del Este guardaban el secreto de la Sangre de Roca tan celosamente. Había pedido a Merk que guardara el secreto, por ahora.
Cojeando con su bastón por el pueblo, Merk empezó a acumular madera. Tras la pregunta inquieta del Jefe, Sita explicó que era para un rito de sanación colectiva. No hubo más preguntas.
Cuando tuvo un cúmulo de madera del tamaño de tres chozas juntas, Sita reclutó la ayuda de varios granjeros. Merk estaba listo.
Encendiendo un fuego en la pila, los granjeros procedieron a cubrir las llamas con tierra. Merk, frenético, abría agujeros en el túmulo.
Tres semanas más tarde, con la vejiga de oveja transformada en fuelle, Merk estaba listo para cosechar el carbón vegetal.
El pueblo entero se congregó en torno a la pila. El Jefe, al ver la Magia de Fuego, torció el gesto. Merk, apasionado con sus preparativos, no se fijó.
Sita sí se dio cuenta.
Capítulo 13.
Merk, Sita y el Jefe se sentaron tras la choza de la hechicera. Merk ya había prepararado una forja de piedra y lodo.
Cargada de carbón, alimentada con el fuelle, la forja despedía un calor sobrenatural. El Jefe parecía encontrarse incómodo ante tal demostración de poder por parte de un miembro nuevo de la comunidad
Cuando el fulgor de la llama alcanzó un blanco palpitante, Merk dejó de bombear, prestando su atención al cuenco de piedra en la cama de carbón fulgurante. Quedaba poco.
El verde de la malaquita ya era un marrón tostado. Sin previo aviso, en una nube de humo agrio, la Sangre de Piedra fluyó en el cuenco. Cobre.
Con la ayuda de dos astas de venado, Merk sacó el cuenco de la forja, vaciando el precioso líquido en un molde de barro seco sin cocer, preparado al efecto.
Tras una corta espera, Merk produjo una cabeza de hacha perfecta, lista para montar.
Volvió la mirada a Sita y el Jefe. Reconocieron artículos que sólo llevaban los Marinos del Este, del mismo material. Hachas, cuchillos, medallones, decoraciones textiles...
Abrumado, el Jefe le dijo:
-"Has hecho bien en mostrarnos esto en privado. Me temo que Sita y el resto de mi Consejo debe darme su opinión antes de que decida. De momento, ni una palabra a nadie."
Capítulo 14.
Merk sintió en los abrazos de Sita un grado de desesperación. Exangües tras el clímax, yacieron aferrados.
Merk tenía miedo de preguntar, Jefe mostró un callado resentimiento. El hacha seguía oculta. Y los ojos de Sita no podían ocultar su terror.
-"¿Qué te pasa, mi hechicera? ¿Qué temes?"
-"Jefe quiere tapar todo. Dice que eres un espíritu maléfico que traerá la ruina a los Iber. Que por eso te habían expulsado. Por robar la magia de los Marinos."
-"La magia viene de la tierra, como viste. Es para el que quiera aprenderla."
-"El Jefe teme un enfrentamiento con los Marinos. Y, sobre todo, tiene miedo a que lo suplantes como jefe. Eres el Guerrero Negro, El Que cruza el Mar, Elegido de Toro. Y, a partir de hoy, el Que hace sangrar a la Piedra. Quiere sacrificarte."
Merk tras una pausa meditabunda, se decidió. Debía partir de nuevo. Dejarlo todo. Se lo dijo a su amante.
-"Donde vayas, voy. Esta vez no cruzas solo. Mi magia nos protegerá."
Acto seguido, empezaron a prepararse para desaparecer en la noche de Luna nueva.
Notas de Viaje.
Merk debe darse a la fuga, de nuevo. Pero no está solo. De nuevo, cabeza de turco de las ambiciones de otros, enmascaradas con excusas sobrenaturales sobre espíritus.El Neolítico vio la consolidación de la estratificación de la sociedad, de la que ya hay indicios en el Paleolítico. La existencia de tumbas colectivas apunta en esa dirección.
Existen teorías sobre la existencia de élites guerrerro/cazadoras en estas sociedades. Las fortificaciones, de la que Los Millares es sólo un ejemplo, apunta a posibles conflictos por el territorio y los recursos.
Los motivos del jefe íbero para mantener una alianza externa parecen descabellados. Se debe tener en cuenta que ha habido hallazgos de metal a miles de kilómetros de su origen, cuando había recursos locales. Eso apunta a la actividad de intercambio.
Merk seguirá cojo. No es coincidencia. El mito del herrero cojo se extiende desde Hefesto en Grecia, hasta los mitos escoceses. Es lógico que aquellos que no pudieran salir a cazar o cultivar, se dedicaran a otra cosa. Y, por motivos personales, me identifico con el artífice cojo.
Por último, la metalurgia. El cobre funde a una temperatura de 1044℃, cuando un fuego de campamento produce más o menos 900℃.
A ésto se debe añadir el elemento químico. Para liberar el oxígeno atrapado en un óxido, no sólo se necesita calor, sino una cantidad ingente de CO, monóxido de carbono. Al absorber el oxígeno en el óxido, se transforma en CO2.
Cobre. El inicio de las grandes civilizaciones. Merk y Sita tienen a Iberia a sus pies, ¿dónde les llevarán sus pasos?
V. Parias.
Capítulo 15.Consiguieron llegar a la playa al despuntar el sol sobre el mar. Era la marea baja. Sin decir palabra, siguieron caminando junto al agua, con el sol naciente a su derecha.
Los seguía el perro de la hechicera, Gruf. De flancos finos y largas patas, era un compañero de viaje tan silencioso como los humanos a los que acompañaba.
Decidieron parar con el sol en su cénit, buscando el refugio del viento de Levante tras una duna.
-"¿No crees que ya podemos descansar por hoy?", dijo Sita.
-"Si los cazadores de los Iber saben la mitad acerca de rastrear que los míos, no."
-"Llevamos toda la mañana con las olas cubriendo nuestras huellas."
-"Sí, pero seguro que nos rastrean hasta la playa, por lo menos. Y, a mi paso, no les llevamos tanta ventaja. Con suerte, ellos viajan sobre arena seca, que les demora. Debemos aguardar hasta la próxima marea baja. Sin fuegos. ¿Será Gruf igual de callado?"
-"Sí, nos avisará con un gruñido y tirando de la mano. Estoy muy cansada."
-"Duerme, mi hechicera. Yo te aviso."
Capítulo 16.
Un toque leve en el hombro, y una mano sobre los labios despertó a Sita. La mirada en los ojos de Merk lo dijo todo, junto a las voces de los Cazadores en la cercanía.
-"Te digo que la bruja y el demonio se esfumaron en el mar. Eso quería, arrastrarnos a todos."
-"Deja esas tonterías para los pastores y granjeros. Dejaron huellas hasta que llegaron al mar. Si fuera demonio, no hubiera dejado alguna. O ya nos hubiera arrastrado a nosotros también."
-"Pena que Jefe no nos dejara traer perros.¿Quién diría que un lisiado y una mujer se nos iban a escapar?"
-"¿Eso es lo que le vas a decir a Jefe? ¿Quieres acabar sacrificado como la bruja y el demonio?"
-"Seguro que no han llegado tan lejos, que les hemos adelantado. Si nos damos prisa, podemos volver a por los perros."
-"¿Y le decimos a Jefe que es para rastrear espíritus?"
-"Exacto."
Y emprendieron el camino de vuelta.
Merk no se creía su buena suerte. La marea estaba casi baja. En un par de horas, podían reanudar la marcha.
Capítulo 17.
Llevaban seis horas caminando sobre la arena mojada. La marea había comenzado a subir. Era hora de buscar un sitio para pasar la noche.
Al abrigo de otra duna, se envolvieron en sus mantas, Merk cayó rendido inmediatamente. No daba para más.
Sita oteaba el horizonte en busca de las temidas antorchas, que no se materializaron. No podían seguir junto al mar. El otoño y sus temporales visitarían pronto este segmento de costa expuesta. Después, el invierno.
Cansada, Sita sucumbió al agotamiento.
La mañana les encontró entre las dunas, abrazados contra el frío de la noche. La marea había vuelto a bajar. Hora de ponerse en marcha.
Capítulo 18.
Se toparon con un río. Indecisos si cruzarlo, o remontarlo, acamparon en un herbazal.
El amanecer les reveló el dorado de la cebada a su alrededor. No era un herbazal, sino una plantación. Temerosos, buscaron la salida. Un hombre corpulento les bloqueaba el paso.
-"¿Qué haciais en mi plantación?"
-"Perdón por pisotear, somos viajeros, era de noche y no vimos las espigas."
El hombre soltó una risa estentórea que le hizo vibrar las papadas.
-"Venía a cosechar. Sin saberlo, ya habéis ayudado algo. ¿Buscáis donde quedaros? Os puedo ofrecer un catre en mi choza por unos días. Necesito ayuda con la cebada."
Tras una pausa, asintieron. Tras un día arduo de cortar y acarrear, se sentaron a comer afuera de la choza, disfrutando del frescor de la noche.
El granjero sacó un odre de un liquido amarillo, y algo amargo. Después de un par de tragos, Merk se sintió más relajado, aunque la cabeza le daba vueltas.
-"Llevamos todo el día trabjando hombro con hombro, no sé cómo os llamáis."
-"Somos Merk y Sita. Dejamos el asentamiento junto a la Roca. Es largo de contar."
-"Contadlo a vuestro ritmo. ¿Queréis otra cerveza? Yo, me llamo Gambrino."
Notas de Viaje.
Empiezo por el final: la entrada de Gambrino en la historia. Me sorprendió. Merece una explicación.
Los cultivos Neolíticos de la zona subbética eran el trigo y la cebada. Incluso hoy en día, las culturas de caza y recolección fermentan productos vegetales en bebidas alcohólicas. Hoy es juernes.
El periplo de Merk y Sita comienza en la zona de San Roque, en Cádiz. Han seguido la costa Este de Cádiz y han llegado a la desembocadura del Guadiaro.
Mirando artículos, el Valle del Guadiaro tiene una rica historia de ocupación desde el Paleolítico Superior. El Valle aún nos guarda sorpresas.
Como ya dije, espero que disfrutéis del viaje. Si tenéis preguntas o aclaraciones, dejad nota a pie de esta página, o en Facebook.
VI. Espigas doradas.
Capítulo 19.
Se habían asentado. Desconocidos en tierra de extraños. La hospitalidad de Gambrino se extendió a ayudarles a montar la choza junto a la suya.
Había pasado la cosecha de la cebada y el trigo. Los graneros llenos, los animales cobijados para el invierno. La vida se estaba empezando a ralentizar en ritmos de invierno con los que Merk no era familiar. Sentía desasosiego.
Sita, por otra parte, parecía feliz. A pesar del trabajo duro en la cosecha, trilla, molienda y fermentación, se sentía libre.
Solos en la comarca, no tenía las responsabilidades que la habían acuciado todos estos años. No sabía del peso sobre sus hombros hasta que fue libre de él.
Y estaba feliz por otro motivo. Merk aún no lo sabía. Era el tercer mes en que no le venía el período. Llevaba vida dentro de sí. Eso era lo único que le inquietaba. ¿Cómo dar a luz siendo la única mujer en leguas a la redonda?
Y Gambrino. Había algo que no cuadraba con él. Su afabilidad inicial se esfumó poco a poco. Daba muchas órdenes. Y cuando había demasiada cerveza, tenía un aire difuso de amenaza.
Más de una vez sintió sus ojos sobre ella, con una mirada que no sabía descifrar, pero que le hacía sentirse incómoda.
Capítulo 20.
Merk y Sita se hallaban junto a la ribera. Era uno de esos raros días soleados de finales de otoño, y se estaban bañando en el río.
Sita había traído romero y lavanda para lavarse el pelo. La saponina y aceites vegetales lo dejaban muy lustroso. Su vientre empezaba a delatar su cambio de condición.
Tras almorzar, Merk llevó los cuencos a la ribera, a frotarlos con arena mojada para limpiarlos.
Un destello llamó su atención. Había una piedra amarilla y brillante. Lo primero que notó fue su peso. No era una piedra, exactamente. Se parecía al cobre frío después de la fundición, pero distinto.
Al verlo, Sita sintió un presagio. Había magia en esa pepita. Sólo una vez vio uno de los Marinos que llevaba un medallón al cuello de lo que parecía ser esa substancia.
Merk le preguntó si pensaba que esa pepita se pudiera fundir y trabajar como el cobre. Temerosa, le contó acerca del medallón.
Merk comenzó a buscar más en la ribera. Volvieron a casa con una bolsita llena.
Capítulo 21.
Poco a poco, Merk fue retirando la arcilla seca del molde, y empezó a pulir el metal. Un hombre con cabeza de toro. Satisfecho con su trabajo, se echó a dormir un rato.
En el estante había otras diez estatuillas, figuras de hombre y de mujer. Todas de oro.
Capítulo 22.
La temporada de lluvias había pasado. Gambrino se mostraba más autoritario cada día.
Empezó a ordenar que se escondieran sacos de cebada, harina, fiambres, odres de cerveza, e incluso ganado en una cueva que daba la espalda al río.
El que Sita estuviera embarazada no le permitía sustraerse del trabajo. Merk sentía cada vez más resentimiento contra él.
Había visto guerreros interponerse entre un león y una mujer, con envidia de no poder ser su lanza la que hiciera el trabajo.
Al volver de la cueva, se encontraron un grupo de hombres corpulentos, armados de hachas, lanzas, arcos, flechas. Guerreros.
El mas enjuto de ellos, con medallón de cobre, portaba uno de los ídolos de oro de Merk.
-"Vaya, vaya. El buen Gambrino no deja de sorprender. Parece que esta vez está escondiendo algo más que cebada y cerveza."
Notas de Viaje.
Merk y Sita prueban la vida del agricultor/ganadero por un breve tiempo. De bucólico pastoril, nada. Trabajo muy duro, como reflejan los análisis de esqueletos de la época.
La desembocadura del Guadiaro ha sido una zona tradicionalmente agraria. Desde el principio.
El Valle del Guadiaro muestra signos de ocupación humana ininterrumpida desde el Paleolítico Superior. A tiro de piedra de la Cueva de Gorham, de la que ya hablé.
"Guadiaro" es un compuesto de dos raíces. Árabe "Wadi", agua o río. Muchos ríos en la Península Ibérica tienen esta raiz. La segunda es latina, "Aurum", significa oro.
Aunque no encontré evidencia de oro aluvial en pepitas, el Sistema Bético, nacimiento del río, era una antigua zona de subducción entre placas tectónicas. De ahí la riqueza minera que se ha explotado desde el Calcolítico.
El embarazo de Sita me vino de sorpresa, aunque no debería. Al fin y al cabo, soy el padre de la criatura. Intentaré tratarlos bien, pero la historia se me revela como viene.
Los guerreros. Un medallón de bronce...
Eso debe esperar a la parte de la historia que lo cuente.
Un saludo.
Raul. El Francotirador Lémur.
VII. Guadiaro.
Capítulo 23.
Los guerreros estaban acabando de cargar las canoas con sacos y odres de cerveza. Habían sacrificado un cerdo rubio de los de Gambrino, y se aprestaban a almorzar en silencio.
Gambrino se hallaba maniatado, magullado en el suelo. Los guerreros habían encontrado el escondrijo. Como cada año. Las miradas de odio habían dado paso a la impotencia. Como cada año.
Acabado el yantar, los guerreros embarcaron, poniendo a Merk y Sita en botes distintos. Habiendo puesto a Gambrino como ejemplo, no dudaban de la cooperación de un lisiado y una embarazada.
Abandonaron el asentamiento río arriba en sus botes. Como cada año.
Dejaron a Gambrino maniatado. Como cada año. Ya se las arreglaría. Como cada año.
Capítulo 24.
Sentado en la popa del bote junto al guerrero enjuto, Merk meditó, contemplando el río que remontaban.
El estar separado de Sita le preocupaba, pero los guerreros no se mostraron alevosos. Nadie les dirigió la palabra.
Las canoas, entretanto, seguían su curso flanqueadas por los campos de cultivo y la laurisilva infestada de monos.
A ambos lados, las colinas se convertían en muros de piedra que, de seguir creciendo, deberían llamarse montañas.
Al acercarse la noche, acamparon al abrigo de los laureles. A Merk y Sita se les permitió que durmieran cerca el uno del otro. Rodeados de guardias. Cada uno, atados a un guerrero.
Capítulo 25.
Una segunda comitiva de botes cargados de guerreros y provisiones se les unió el día siguiente desde la margen opuesta. Un hombre joven con dos medallones de cobre parecía estar al mando.
Los dos grupos expedicionarios se unieron. El líder del nuevo grupo asumió el mando con la naturalidad de la costumbre.
-"Veo que me traes una sorpresa desde la frontera, Manu. ¿Quién son tus prisioneros?"
-"Un orfebre que se fugó con la hechicera del Campo de La Roca.Y parece que no ha perdido el tiempo, cojo y todo."
-"¿Un orfebre? ¿Seguro?"
-"Mira, Patxu", dijo Manu abriendo la bolsa.
Notas de Viaje.
Dos aclaraciones a mí mismo en voz alta:
La primera. Éste es mi viaje. Con agradecimiento a tod@s los que lo veis a través de mis ojos.
La segunda. Anduve un poco perdido algunos días. Estaba buscando que la historia del viaje fluvial continuara. Esa historia ya se reveló.
Una vez dicho, la limitada investigación en línea de la ecología y arqueología del Valle del Guadiaro me llevan a concluir que es hora de la siguiente sección.
Los elementos orográficos y paisajísticos que investigué se dibujan en mi mente como la siguiente parte de la historia.
Observaciones:
Mis menciones al cerdo rubio hacen referencia a una raza porcina de granja asilvestrada de la Sierra de Grazalema. Previamente extendida por toda la zona, y en peligro de extinción.
La laurisilva del Valle se debe a ser éste uno de los pocos enclaves del continente europeo con microclima subtropical.
Los pinsapares, la lluvia incesante y las escarpaduras parece que forman parte de la siguiente parte de la historia.
La estratificación social del Neolítico. Quería entrar un poco más en detalle, pero la historia debe desarrollarse a su paso.
De momento, tenemos un cuerpo militar con rangos, en tareas de recaudación de tributos.
¿Para quién? Eso sí que pertenece a la siguiente sección de:
La Cueva de Los Letreros.
Tened un buen día.
VIII. Civilización.
Capítulo 26.Un hedor nauseabundo, que asaltaba el paladar de tan viscoso, emanaba del río. Llevaban tres días aprovisionándose de agua en afluentes menores.
Sita se pasaba los días y las noches vomitando, para el deleite de los guerreros, aburridos de la monotonía del viaje.
Merk estaba maniatado. Salió en defensa de Sita, tras un bofetón. Con cinco puntas de lanza en el cuello, no tuvo más remedio que cooperar.
El hedor se intensificaba cada día. Era una combinación de estiércol y orines con algo que no podía identificar.
Al rodear una isla, lo vió. Junto al río, como un monte chato, cubierto de empalizadas y zarzas. Un fuerte.
No era el primero que veía, pero nunca había visto nada tan colosal. Un murmullo indistinto que había estado oyendo todo el día, se reveló.
Una multitud de cuerpos humanos y ganado de diverso signo competían para imprimir su presencia en el viento.
Habían llegado.
Capítulo 27.
Los botes entraron en el foso angosto que rodeaba la fortificación, en fila india.
Los remeros podían descansar. Hombres con cuerdas halaban los botes alrededor de la muralla.
La inmundicia en el agua del foso era indescriptible, diversos objetos flotantes se revelaron como cadáveres humanos y animales. Balsas brillantes de grasa. Y el hedor hacía saltar las lágrimas.
Los guerreros, aún acostumbrados, guardaban silencio. Tras respirar el aire limpio del Valle, no parecían regocijarse de hallarse de vuelta.
Merk y Sita, juntos en el primer bote capitaneado por Patxu, entrevieron una apertura en el muro de tierra.
El bote atracó frente a la entrada. Un adolescente barbilampiño, en una bata de cuero blanco, les esperaba. En el pecho, aún virgen de vello, portaba un disco de metal blanco.
-"Bienvenido a casa, Patxu. Veo que traes sorpresas. ¿Son éstos el orfebre y la hechicera?"
Patxu desembarcó, hincó la rodilla y asintió.
-"Levántate, hermano. Deja que Manu se encargue del atraque de la flota. Tú y yo, directos a ver a Padre, con tus cautivos."
Capítulo 28.
Al torcer la esquina, siguiendo a los guardias, Merk y Sita se explicaron parte de los odores nocivos.
Una aglomeración de cuero maloliente en espera de la legión de curtidores que se afanaban en torno a albercas de estiércol y orines. Sita vomitó de nuevo.
Y gente. Por todas partes. Niños sucios, cerdos, perros famélicos, cabras, corderos...
Las calles eran un cenagal de lo que Sita ardientemente deseaba que fuera lodo.
Fueron ascendiendo la colina lentamente. El olor se fue aclarando poco a poco, pero era sólo una cuestión de matiz.
Desde la nueva elevación, otearon un tapiz de campos de cultivo y ganadería, demarcados por paredes de piedra. Rebaños de vacas, ovejas, cerdos, cabras sin fin.
La comitiva se detuvo ante un túmulo. Til (el joven imberbe) Patxu entraron. A Sita y Merk les aguardaba esperar a la sombra de un pinsapo.
Capítulo 29.
Uno de los guardias les dijo que entrasen. Era como ser tragado por la piedra.
Un sobrecogedor pasillo con suelos, paredes y techo de piedra se abría ante ellos.
Al final del mismo, a través de una gran roca horadada, un segundo pasillo, más corto. Alumbrado a intervalos regulares por lámparas de aceite.
Al pasar una segunda piedra horadada, se hallaron en una cámara circular. Se los había tragado la tierra.
Al fondo, un gigante sentado en un trono de piedra. Sus facciones se asemejaban a las de Til y Patxu, que de pié, flanqueaban el trono. En su pecho, un disco de oro, en sus manos, un hacha de cobre.
Capítulo 30.
Merk y Sita estaban francamente desconcertados. Esta gente había demostrado saber quién eran, y poco más.
Había sido una audiencia larga con el Cacique, llena de preguntas que denotaban inteligencia. Ese hombre sabía ya mucho de ellos antes de posar pie en el tholos.
Más que un interrogatorio, el Cacique se había limitado a expresar su autoridad dejándoles ver el alcance de sus conocimientos.
Sabía que Merk era el Viajero Entre Mundos, Elegido de Toro, que Hace Sangrar la Piedra, Maestro del Fuego.
Sabía que Sita era Mujer Medicina del Asentamiento de La Roca, y toda su trayectoria.
Más acuciante, sabía por qué habían escapado. ¿Les esperaba la muerte sacrificial?
Estaban confinados a una choza a cierta distancia del tholos. Dos guerreros montaban guardia. Desde su salida de la audiencia, se les había tratado mejor. Se les trajo comida, un odre de agua y leña.
Pero seguían prisioneros.
Capítulo 31.
En la cámara del tholos, el Cacique y Til se hallaban cenando bajo la eterna noche subterránea.
Ambos vertieron una copa de vino en honor de aquellos que se hallaban enterrados en el suelo, con una oración para agradecer la comida y pidiendo la guía de su experiencia.
Tras una pausa, el Cacique dijo:
-"Mi primo se extralimitó en la autoridad que le dí como Jefe del Campo de la Roca. El muy idiota, casi nos cuesta el primer orfebre que nos llega. Todo por preservar el poquito de autoridad que le dí. ¿Qué hubieras hecho en su lugar, Til?"
-"Hubiera mandado un mensajero urgente, sin hacerles saber. Eso de amenazarle delante de su amante, tremendo error de táctica, Padre."
-"Me alegra que lo veas así. Ha llegado la hora de tu siguiente paso para ser el próximo Cacique. Mañana mismo eliges un destacamento, llévate a Manu como suboficial. Eres el nuevo jefe de ese asentamiento."
Notas de Viaje.
De vuelta a mi trinchera. Debo admitir que me asustaba. La idea de verme envuelto en lo que es potencialmente un tocho me agrada y aterra en partes iguales.
Pero no hay marcha atrás. Aclaraciones.
La Sierra de Grazalema y la Serranía de Ronda dieron lugar a enormes asentamientos a través de Neolítico y Calcolítico, de un tipo pre-millarense, de la Cultura del Vaso Campaniforme, que se extendió con variantes locales por la costa atlántica, hasta llegar a las Hébridas exteriores.
En éstas variantes locales, hay un elemento en común. Los enterramientos se producen en estructuras aún en uso por los vivos. Se encuentras cuerpos en silos y viviendas.
El tholos es una estructura funeraria de la Edad de Bronce, de la que el Calcolítico es sólo el inicio. Usando mi licencia artística, decido aplicar ese mismo criterio de doble uso de las estructuras por vivos y muertos. Y mi tholos se convierte en sala del trono.
Puede parecer descabellada la idea de un poder militar centralizado, pero se plantea la pregunta obvia. ¿De dónde procede el género que llena los enormes silos subterráneos? ¿Por qué la existencia de fortines, sin poderes de similar envergadura?
Por suerte, tengo parte de la inspiración a mano. Hay un fortín prerromano de la Edad de Hierro a menos de cinco minutos de mi casa, con foso y todo. Desborough Castle. Allí me pasé la tarde intentando retomar el hilo de la historia.
En cuanto a las condiciones sanitarias, debían haber sido de pesadilla. Aún en la Roma de la República, hay chistes acerca de las calles anegadas de podredumbre.
Descanso un poco, y sigo con la historia. Que a eso le temía. Demasiado tarde. Estoy atrapado, como Merk y Sita.
IX. Orfebre.
Capítulo 32.
De mañana, Til entró en la choza, le dijo a Sita que se la esperaba en el Tholos inmediatamente. Sita salió tras el joven. No vió ningún aire de amenaza.
Una vez en la cámara, se sentó en una alfombrilla que se había puesto frente al trono de piedra a tal efecto.
El Cacique entró con escolta de dos guardias, que se apostaron a ambos lados de la entrada.
Una vez sentado, desayunando higos secos, el Cacique espetó:
-"¿Has pensado lo que quieres hacer?"
Sita no acertaba a responder, de la sorpresa. Le preguntó.
-"¿Qué puedo hacer?"
-"Tienes dos opciones. Puedes quedarte aquí, como Mujer Medicina con las demás. O puedes volver al Asentamiento de La Roca. Con una condición: nadie debe saber de la existencia de este campo. En cuanto al orfebre, les dirás que el bebé que llevas dentro acabó con el demonio cojo."
-"¿Y el Jefe? ¿Me dejaría regresar?"
-"El Jefe es ahora Til".
Capítulo 33.
Sita y Merk se cruzaron en el pasillo empedrado. Sólo pudieron intercambiar una mirada.
Con cuidado, Merk se sentó en la alfombrilla frente al Cacique.
-"¿Qué debería hacer contigo?", le preguntó el Cacique en perfecto Fenicio.
-"A mí no me gustaría morir."
El Cacique se echó a reír con total abandono. Por un momento, Merk pensó que se iba a caer del trono. Se permitió una sonrisa tímida. Cuando se calmó, el Cacique prosiguió en Fenicio:
-"Te voy a contar algunas cosas, que no debes compartir con nadie. Con nadie. Mi padre fue Cacique antes que yo. Un hombre enorme, y no sólo en el físico. Como parte del tratado comercial, me alistó en el buque fenicio. Pasé tres años con ellos."
-"Mi padre quería el secreto del Cobre. Sospechaba que estaba ligado a la malaquita que nos compran, pero no el cómo. Los fenicios se llevaban la malaquita, y a veces nos traían cobre. Las más de las veces, aceite. A cambio de pieles de toro."
-"Te cuento ésto, porque tú te has convertido en mi consejero personal. Veo que te gusta fundir metales, y que tienes la Magia del Fuego."
-"¿Te preguntas cómo sé que me puedo fiar de tí? Muy sencillo, sé que dices la verdad, porque he visitado tus costas, so capa de fenicio, antes de que nacieras. Piensa en lo que necesitas, y empieza cuanto antes. Un pequeño detalle que no mencioné. Los cuerpos que viste en el foso del fuerte. Antiguos consejeros míos con la boca muy grande. Una gran pérdida."
Capítulo 34.
Merk y Sita se encontraron a la entrada del tholos, sin saber que decir. Los guardias les miraban impasibles, prestos a negarles el acceso al recinto. Cuando se dijeron mutuamente de que no precisaban de guardias, se retiraron a la choza.
Una vez allí, tras intercambiar sus historias, se entregaron el uno al otro con la devoción que sólo conocen los que han visto pasar la muerte de largo. Sexo en lugar de un funeral anunciado que no se materializó.
Patxu vino a verles aquella tarde. Iban a erigir una casa de piedra para el nuevo orfebre y la Mujer Medicina. Al desconocer de qué precisaban, salieron juntos a la zona de obras.
Capítulo 35.
Al final, fueron tres casas. La morada, separada de la enfermería de Sita. Como toque final, la fragua, del tamaño de las otras dos juntas. Dentro, una gran forja en forma de cubeta, de piedra arenisca del Torcal de Antequera. Con dos fuelles y yunque de granito de La Roca.
Había una zona dedicada a la producción de carbón vegetal. Había ya una gran cantidad de pinsopos siendo cortados por guerreros.
Y un auténtico monte de malaquita. Merk se permitió una sonrisa maléfica, pensando en la sorpresa que deparaba a los arrogantes Marinos del Este para la siguiente primavera.
Notas de Viaje.
Sección corta, ya lo sé. Me repito. Echadle la culpa a Merk y a Sita, no a mí.
¿Os resulta inverosímil la historia del Cacique? A mí, no. Parece ser historia corriente de movimientos de población desde el Neolítico.
Hay evidencias de minas de piedra para hachas que sólo se encuentran en Escocia. Pero hay hachas de ese material por toda Gran Bretaña.
El enterramiento del llamado "Rey de Stonehenge" y otro relativo a ése, muy cercano. El Rey es un hombre maduro, cojo desde temprana edad. Nada especial. Hasta el análisis osteológico. Análisis de isótopos muestran que ese hombre estuvo bebiendo agua en Los Alpes hasta llegar a ser hombre. El segundo enterramiento, se sospecha que es su hijo. Los huesos tienen isótopos locales. Cierto que estos enterramientos tuvieron lugar en la Edad de Bronce propiamente dicha.
La presencia de los fenicios como anacronismo me molesta algo, pero no mucho. Vi una foto de la época predinástica egipcia en la que se ve un bote de vela.
Si los movimientos náuticos en la zona occidental del Mare Nostrum se puede debatir, se debe tener en cuenta que la cultura neolítica es mucho más antigua en Oriente Medio y algunos de sus logros técnicos son muy sofisticados. Poned "Gobekli Tepe" en el buscador de Google y quedaros agilaos.
Y sigo, que la historia me llama. Aún debo aglutinar los capítulos sueltos.
Tened buena noche de Juernes.
X. Cortesano.
Capítulo 36.
Dos lunas pasaron mientras Merk preparaba las cantidades ingentes de carbón que iba a precisar.
Sus cuatro aprendices, guerreros seleccionados por su fuerza, su capacidad de aprender, y su discreción, aprendían rápido. Dentro de poco, podría delegar en ellos la producción.
Sita ya mostraba al mundo su condición de mujer en esperas. Su vientre le precedía en las visitas a enfermos como el rayo precede al trueno.
De noche, con las piedras de la casa templadas por la forja, se acurrucaban juntos. Ambos podían sentir las patadas del futuro en su vientre gestante.
-"Y pensar que casi te pierdo antes de conocerte. Prométeme que no irás persiguiendo más toros."
-"Sólo para echarlos de la fragua, para que no me molesten."
Como cada noche, durmieron uno en brazos del otro.
Capítulo 37.
Merk se paseó por la playa en la que encontró las primeras pepitas de oro. Sus aprendices estaban buscando, según su metodo del cuenco.
Al cabo de tres días de prospección, tenían dos sacos llenos. Para entonces, ya había llegado otro cargamento de malaquita del Asentamiento de La Roca.
La primavera se acercaba poco a poco. Merk aprovechaba del buen tiempo en el Valle, a pesar de la lluvia casi constante. El mar aún andaba bravo, pero éso no detendría mucho a los Marinos.
Debía ser suficiente. Ya había completado los moldes.
Capítulo 38.
De sus cuatro aprendices, sólo Lunn mostraba la habilidad para hacer moldes de arcilla. Todos eran capaces de crear un molde para hachas, pero hay cosas que requieren atención al detalle. Había tomado ya una decisión sobre qué consultar.
Merk se sentó a comer con el Cacique. Sus reuniones eran más y más frecuentes, y al viejo aguerrido parecía agradarle su compañía. Siempre hablaban en Fenicio.
-"¿Estás contento con tus aprendices? Si hay algún problema, me lo dices."
-"No, más bien al contrario. Todos demuestran habilidad en algo. Pero estuve pensando en cómo hacerlo todo más eficiente."
-"¿No eres mi consejero? ¡Aconséjame! Cuenta qué tienes en mente."
-"Creo que Lunn debería quedarse conmigo, de forma permanente en la fragua. Ya están todos listos para dejarles hacer cosas como líderes de grupos."
-"Interesante. Sigue."
- "Txatu y Jokco muestran aptitud para el carbón, y creo que Yann es de fiar como líder de expedición para buscar oro. Así, cada uno hace una cosa, y yo me puedo dedicar más a la fragua."
-"Por eso te hice consejero, supe que no me defraudarías. Hazlo, y cuéntame cómo te va. La sorpresa para los Marinos, ¿está lista ya?"
-"Casi. Con esta manera de hacerlo, estoy seguro de nos adelantamos a los Marinos".
Capítulo 39.
Con mucho cuidado, Lunn vertió el oro líquido de la vasija al molde. Otra pieza.
En los estantes, una plétora de hachas de cobre, Medallones del mismo material. El número de artículos de oro aumentaba cada día.
La fragua se extendía. Se habían añadido dos cobertizos para mantener en carbón vegetal y la malaquita secos.
Sus aprendices eran ya oficiales, cada uno a cargo de un grupo de cinco. Merk podía quedarse ya en la fragua, sin tener que salir a buscar materiales.
Capítulo 40.
Sita se encontraba muy molesta. Estaba deseando acabar ya con este embarazo. Cada vez le había costado más subir la colina para volver a su casa.
Su casa. Nunca, ni en el Asentamiento de La Roca, había tenido su propio espacio. Ahora, si alguien estaba muy enfermo, se quedaban en la enfermería.
Una ola de dolor recorrió su vientre. Pronto. Su cuerpo clamaba por tener su bebé en brazos, pero temía dar a luz. Irónicamente, Sita había ayudado en decenas de partos, pero era la primera vez que asistía al suyo propio.
Con la siguiente contracción, no pudo evitar un grito de dolor mientras la avalancha líquida mojó sus piernas.
Merk estaba descargando botes junto al foso. No había nadie que la ayudara.
Capítulo 41.
El más insólito espectáculo saludó a Merk a su llegada. Sita se hallaba acostada en medio del día. Le preocupó que no se sintiese bien.
Al acercarse a preguntar, notó moviento bajo la frazada. Agotada, Sita se había dormido. Aferrada al pecho con la potencia de una vida nueva por vivir, su hija.
Merk nunca supo que se podía llorar de alegría. Hasta ese preciso instante.
Notas de Viaje.
La división del trabajo parece haber comenzado en el Paelolítico. Hay un hallazgo en una tumba siberiana en la que una mujer fue decorada con miles de minúsculas cuentas de marfil de mamut. Esos cientos (si no miles) de horas de trabajo deben haber salido de algún sitio.
Sita. Embarazo y parto. Omito muchos detalles a propósito por respeto. No hay dos embarazos o partos iguales, según tengo entendido.
Es posible para una mujer parir sola. E increíblemente peligroso. En las zonas del mundo donde no hay acceso a atención médica, la primera causa de mortalidad femenina. Pero ya os dije que cuidaba de Sita.
Por último, pero no menos importante. Agradecerte a tí, lector/a, por ser el viento en mis velas. Por creer en mí cuando a veces dudo de mí mismo.
Si este proyecto ve la luz del día en papel, os garantizo una copia firmada (gratis) de la primera edición. Aunque me gustaría que hubiera más de una edición, ya puestos.
Atentamente,
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
XI. Mercante.
Capítulo 42.Harrukl entró en el Asentamiento de la Roca. Como siempre. Flanqueado de dos guerreros/cazadores con sus toscas armas de piedra. Como siempre, camino a la choza del Jefe.
Sorpresa. No había túmulo de malaquita en el sitio de costumbre. En su lugar, una aglomeración de soldados. ¿Acaso era una trampa?
No había marcha atrás. Aparentando una calma que no poseía, el Mercader fenicio entró en la choza...
...donde fue recibido por Til, con su medallón de plata en el pecho.
-"Encantado de recibirte, hermano de allende las olas. Espero que el viaje te haya resultado grato. Siéntate a comer conmigo y me cuentas."
Consternado, se sentó frente al nuevo Jefe. Las negociaciones habían comenzado.
Capítulo 43.
Til removió la manta de cuero que ocultaba la pila de cabezas de hachas de cobre. El resplandor bermejo que se reflejaba pareció bañar la habitación en sangre.
-"Hermano, como ves, los términos del Tratado se deben renegociar. Ésta es la cantidad de cobre que hubieras sacado de la pila de siempre. Hemos sido generosos, y NO contamos las horas de trabajo para fundirlas. Mejor oferta no vas a encontrar."
-"Estimado Jefe, sabes que no poseo la autoridad de renegociar el tratado. Sólo el Rey de Sidón puede decidir."
-"Tú eres la persona que el Rey de Sidón mandó para este intercambio. Sólo tienes dos opciones. Acepta o rehúsa...Y considera qué diría tu rey en cada caso."
-"Es un cambio demasiado drástico. Si es un mensaje al Rey en esos términos, sólo puede venir del más alto nivel..."
-"¿Acaso no reconoces el medallón de plata tallado en tus propios talleres? ¡Sólo respondo ante mi Padre, y hablo con su voz!"
-"Sin ofender, pero es con él con quien debo hablar."
-"Tú lo has querido. Me temo, sin embargo, que no encontrarás mejor oferta que ésta. Retírate ahora antes de que pierda la poca paciencia que me queda."
Capítulo 44.
Harrukl estaba aterrorizado. Había debido embarcar solo en la canoa con los guerreros, río arriba.
Comenzó el viaje atado de pies y manos. Estos Iber no tenían modales. Desde el segundo día de viaje fluvial, llevaba la cabeza cubierta con una bolsa de lana. Además, sus ojos estaban vendados.
El olor de la corrupción le indicó que estaban llegando a su destino. Sólo una ciudad podía oler tan mal. El odor le hizo desear estar de vuelta en Sidón.
Sintió ser arrojado como un fardo del bote. Manos bastas le obligaron a ponerse de pié y caminar en cuanto se cortaron las ligaduras de sus pies.
Notó que estaba subiendo una colina. No sería capaz de contarle gran cosa al Rey de Sidón acerca del territorio de los Iber.
Sus pies descalzos tocaron losas de piedra. Las ligaduras de sus muñecas desaparecieron, ...para atarle las manos a la espalda. Se le quitó la capucha y se le descubrieron los ojos.
-"Sigue ese pasillo, fenicio, y encuéntrate con tu destino."
Harukl estaba en el tholos. Sólo podía avanzar. Y lo hizo.
Capítulo 45.
Harrukl no daba crédito a sus ojos.
En la oscuridad de la sala del tholos, se hallaba en presencia de un hombre bañado en luz.
Destellos fulgurantes del oro en el peto, collar, brazaletes y placas de oro sobre el gigante en el trono ante el que se arrodillaba. Pareciera que estuviera hecho de ese material.
A su derecha, una versión joven del gigante, con dos placas de cobre sobre el pecho.
Aún más inaudito, un Guerrero Negro a la izquierda del trono.
-"Veo que no aceptaste la generosa oferta de mi hijo, ¿por qué vienes a molestarme a mi casa?"
-"Perdona, generoso Cacique, me temo que hay un malentendido."
-"Por supuesto que hay un malentendido. Hablas con el Rey de los Iber. La costa es mía. Dile a mi hermano, el Rey de Sidón, que debemos renegociar el Tratado. Ambas partes saldremos ganando. Ahora, llévate estas cabezas de hachas de cobre, y desembarca el aceite."
-"Pero hay muchas menos que las que me ofrecieron en La Roca, Cac...Majestad."
-"¿Vienes a dar órdenes en mi casa, perro? Te daré una lección. No temas, serás capaz de darle el mensaje a tu rey."
Capítulo 46.
De vuelta a la costa, tres semanas después, Harrukl embarcó. Aún no se acababa de creer que hubiera salido con vida del trance.
Entregaría el mensaje de la arrogancia de los Iber a su rey. Aunque fuera lo último que hiciera.
Distraído, fue a rascar el picor de los dedos de la mano derecha. En vano. La mano ya no estaba allí.
Tras la amputación, se la dieron de comer a los perros en su presencia.
Harrukl ordenó el barco directo a Levante con el cambio de marea. Ésto no iba a quedarse así.
Notas de Viaje.
La introducción de las nuevas tecnologías deben haber supuesto grandes cambios sociales en el mundo de la época.
Como ya dije, el cobre no se prestaba como material para herramientas, por ser demasiado maleable, al igual que el oro.
Ya hablé de la discriminación temporal. De suponernos superiores y más sofisticados que nuestros ancestros. Más bien lo contrario.
Ellos debían vivir en un mundo en el que debían usar la imaginación y la memoria para cualquier tarea, cuando a nosotros nos basta (por ejemplo) con echar un vistazo por Internet, pedir un billete de tren y llegar a la hora. Si nos perdemos, para eso está el GPS.
De la violencia del mundo de la Edad de los Metales, basta con mirar los registros arqueológicos.
Teniendo en cuenta que la civilización Ibérica que describo es de tipo Pre-Millarense, aclaro:
La cara tan dura que tengo. El Cacique se ha puesto el Tesoro del Carambolo. Descubierto en el Aljarafe sevillano, y NO en la Sierra de Grazalema. Datado en plena Edad de Bronce, no en el Calcolítico. Atribuido (según qué autor) a los Tartesios o a los fenicios. Destinado (según qué autor) a ajuar real, o para bestias de sacrificio. Que se peleen entre ellos, que me lo quedo, so capa de licencia artística.
Al menos, os puedo asegurar que Merk no se va a comer un puchero con patatas. Ni se toma un café con un puro tras el almuerzo. A tanto no llego. He visto autores que han osado llegar a esos extremos, con best-sellers. Sin dar nombres.
Mi oferta de primera edición firmada sigue en pie, por ahora. Tengo algunos nombres ya en la cabeza. Si nos conocemos cara a cara, ya tienes tu copia sin tener que decir nada. Si sólo nos conocemos en el plano virtual de Facebook, me temo que me lo deberás decir. El plazo expira en cierre de edición...
Y Merk prosigue su viaje.
XII. La Calma...
Capítulo 47.
Después de otro día en la fragua, Merk volvió a la casa. Sita estaba junto al fuego, Teri ya estaba dormida tras otro día de mil carreras y preguntas.
Sentados frente a los platos de guiso.
-"Tengo miedo, Merk. Es la segunda primavera que no vienen los Marinos a comerciar."
-"Mejor así. Tenemos control de toda la costa. Nos va mejor desde que los Marinos nos quitaron la bota del cuello."
-"A veces, tengo miedo. Por mí, por tí, por Teri."
-"¿Miedo a qué, mujer? Aunque esté cojo, sé de lo que es capaz un guerrero. ¿O te olvidas de cómo crucé?"
-"Me acuerdo bien, y de cómo un guerrero se rompe, y de lo que cuesta traerlo de vuelta, ¿te olvidas de lo que puede la Mujer Medicina?"
-"Tienes razón. Es lo mismo que temo, que no me atrevo a decir por no aparecer pudriéndome en ese foso."
-"¿Crees que llegarán aquí? El fuerte parece impregnable, y el embajador no puede decir cómo encontrarnos."
-"Prométeme que ésto no se lo repites a nadie. De lo contrario, estamos los tres en el foso."
En voz muy queda, para que ni siquiera Teri supiera su secreto, Merk le contó a Sita...
...de la prepotencia del Marino en su tierra nata. De cómo pasaban todo a sangre y fuego ante la más mínima afrenta.
...de que siempre encontraban el camino en un mar sin ellos. De que el Rey de los Iber había viajado en sus buques en días de mocedad.
...de que el Tratado previo se había firmado en el tholos a tiro de piedra de su casa.
Capítulo 48.
Postrada en la sala del tholos, Sita imploraba:
-"Majestad, he aquí a Teri. Mi hija, heredera de una línea antigua de Mujer Medicina. Hoy cumple tres años."
-"Me enorgullece tener líneas de Mujer Medicina tan prestigiosas como la tuya en mi casa. Dime, Sita, ¿qué te trae a mi sala?"
-"Majestad, en mi línea, el aprendizaje comienza a los tres años. Para poder pasar mi línea, debo retirarme por un tiempo. Debo enseñar a mi hija qué plantas usar, y dónde se encuentran. En qué épocas del año se recolectan, y cómo evitar accidentes."
-"Debo pensarlo muy seriamente, pero no niego que lo que pides es vital. Esta niña es nuestro futuro. Teri, ¿entiendes lo que dice tu madre?"
-"Sí, tu Mojestad, quero ser fuerte como mi mamá, y hacer magia."
Con una risa que hacía tiempo que no se oía en el tholos, el monarca accedió.
Capítulo 49.
Como cada día, Sita guiaba a Teri por los senderos de ciervos del pinsapar.
Helechos, setas, mohos, insectos...nada escapaba su atención.
-"¿Qué huellas son éstas, Teri?"
-"Una familia de jabalí. Dos madres. Al menos diez jabatos."
-"¿Qué hacemos, entonces?"
-"Cortar el sendero. Si seguimos las huellas, las madres se ponen agresivas. Si andamos el camino de vuelta, nos podemos encontrar con un macho en el revolcadero. Peligrosas las dos cosas."
Un rugido ensordecedor en las copas. Un leopardo.
Capítulo 50.
-"¿En qué estabas pensando, Sita, poniendo la niña en peligro?"
-"¿Acaso te crees que una Mujer Medicina es todo caricias en infusiones, Merk? ¿De dónde crees que vienen las garras de oso y leopardo de mi amuleto? ¿O la manta de león en la que te recuperaste de tus cornadas? ¿Regalos de cazadores? Son mías, de mi madre, de mi abuela. Cazadoras todas."
-"Pero es muy peligroso, ¿qué hago si os pierdo?"
-"Lo peligroso es andar sin saber. Tranquilo, que no iremos atacando toros por nuestra cuenta y riesgo."
-"¿Te burlas de mí, acaso?"
-"Nunca. Sé que todo era nuevo para tí, y que debías comer. Pero Teri tiene la obligación de aprender. La mano de la Mujer Medicina es dura cuando debe serlo. ¿De dónde crees que viene mi posición?"
En el suelo, junto a la entrada, yacía un enorme macho leopardo.
Notas de Viaje.
Mis personajes no paran de sorprenderme. Intento sobreponerme de miles de historias en la que la heroína espera el rescate del príncipe aguerrido. Sólo historias de patriarcado.
No creo haber retratado a una mujer debil, pero debo confesar que la respuesta me sorprendió. Si subestimas a una mujer, te vas a dar con una sorpresa en las narices.
El Pinsapar de la Sierra de Grazalema es un ecosistema único. Recuerdo haberme ido de acampada, pero poco más, que el fin de semana se nos fue de las manos... de la mano de Pedrete y Rober. Omito los detalles, no por discreción, sino por la amnesia resultante del morado continuo.
Había leones en la zona. Teniendo en cuenta que el félido con mayor capacidad de adaptación es el leopardo, me limité a añadirlo sin pararme a mirar dos veces. El leopardo se pasea como Pedro por su casa por las arenas del Kalahari, las calles de Mumbai, y el Valle del Amur en Siberia.
Asumo que la farmacopea de la época era de procedencia vegetal silvestre. Asumo también que las viejas costumbres del/la cazador/a recolector/a sobrevivió en los shamanes, que no sólo debían salir a recolectar, sino volver iles@s.
Sita se guarda aún un par de sorpresas en la manga. Hasta la próxima.
XIII. ...La Tempestad.
Capítulo 51.
Harrukl observaba las llamas de otro asentamiento con satisfacción desde la cubierta del navío de guerra.
El significado de la pila de hachas de cobre y el insulto al embajador eran afrenta personal a la autoridad del Rey de Sidón. Estos Iber habían metido la mano en un avispero.
A ambos lados de la nave capitana, otras sesenta naves flanqueaban la suya. Era un espectáculo realmente temible.
Harrukl tenía las manos libres como almirante de la marina de guerra sidonia. Estos bárbaros iban a enseñar a todos en el mar quién era el dueño de las olas. Iban a servir de ejemplo.
Capítulo 52.
El Rey de los Iber se hallaba solo en la cámara del tholos. Debía haberlo supuesto. Los correos llegaban cada día con nuevas. Y ninguna buena.
La costa, bajo control fenicio. A sangre y fuego. Til, muerto. Uno de los supervivientes de La Roca llegó con lo único que los fenicios le permitieron llevar para enterrar.
El medallón de plata en la mano derecha de su hijo. El resto, se lo dieron a sus perros de guerra.
Todo empezó con las partidas de tributo que mandaba cada año, y que éste, no regresaron.
Al principio, venían refugiados, supervivientes de asentamientos asolados. Ya, no. Se rumoreaba que los fenicios habían instaurado un nuevo Rey.
Sobre su cabeza y la de Merk, había una recompensa.
Capítulo 53.
Al poco de amanecer, la horda de navíos de guerra viró en el meandro del río.
A una, los soldados fenicios se arrojaron al agua y al poco, ya habían establecido una cabeza de playa más alla del alcance de las flechas de los Iber.
Antes de que hubiesen pasado dos horas, una hilera de barcos atados de perfil formaban un puente entre las dos orillas.
Una línea de hombres con arcos cortos de doble curva se congregaron frente a una fogata, para recibir antorchas. A la señal establecida, voleas de dardo incendiario asaltaron las chozas de paja y madera.
Un ejército de doscientos colaboradores había llegado por tierra. Alrededor de la cabeza de playa, los fenicios alzaron su propia fortificación defensiva.
Era el principio del verano. Tras ser privada del tributo, ahora la fortificación Iber se hallaba aislada de sus cosechas y ganado.
El sitio había comenzado.
Notas de viaje.
La trama se acelera. Y ya entreveo el desenlace. Ya queda poco. Algunas observaciones.
La época del Calcolítico conoció el navío de vela cuadrada e hilera simple de remos, con espolón de proa para combate en alta mar. Como dije, dibujos en vasos egipcios predinásticos.
La falta de restos arqueólogicos de era no me afectan mucho. La madera es material perecedero.
Los pocos hallazgos arqueológicos de objetos de madera (botes), han sido debido a circunstancias extraordinarias, que se remontan al Mesolítico.
Después de pensarlo bastante, opté por el arco compuesto de doble curva y la flecha incendiaria como arma de asalto contra fortificaciones, además de la estrategia más clásica: el asedio.
Pensé en incluir catapultas, pero éstas aparecen en la época del Imperio Helenístico. Sería como sentarles a fumarse un puro con el café.
Existen registros de arco compuesto de doble curva en Asiria y Mesopotamia (Babilonia), del Calcolítico. El uso del fuego, extensión lógica. Es lo que yo haría en esa posición.
Por último Harrukl ¿Os suena el nombre a algo? Hércules. Ése es el anacronismo que me ha estado molestando. Hércules no era griego, sino fenicio.
Para más información sobre los fenicios y su interacción con la Iberia de la Edad de Bronce, mirad la obra de D. José María de Mena, gran historiador de mi pueblo.
Y Merk aún no acabó de contarme su historia...
XIV. Cazadores.
Capítulo 54.
Los años de travesía por el pinsapar finalmente daban fruto. Merk, Sita y Teri se escabulleron en otra noche sin luna como aquella de años atrás.
Para cuando salió el sol, se hallaban lo suficientemente lejos como para descansar.
Sita se había estado preparando en secreto para este viaje desde que fue capaz de sacar a Teri entre los pinsapos.
Aunque joven, Teri era capaz de rastrear y cazar con arco y flechas. Como su madre, como todas sus antepasadas.
Tras tantos años en la fragua, Merk había perdido la forma que una vez tuvo. Le costaba trabajo seguir a sus mujeres.
Había perdido bastante peso y pelo. Su tez oscura había adquirido un matiz ceniciento del que culpaba a la falta de sol.
La sangre en su esputo, no lo podía atribuir a eso. Como iniciado, sabía el precio a pagar por la magia de la Sangre de Piedra.
Capítulo 55.
Tras una semana de trasegar veredas, de subir montes cada vez más ásperos y empinados, se encontraron con algo insólito.
Un paraje de piedras que parecían planchas de distintos tamaños, apiladas. Al no ver señales de granja o ganadería, se decidieron a recuperar las fuerzas.
El terreno era bastante inhóspito, sin mucha agua en la superficie. Los túmulos de piedra ofrecían posiciones perfectas para el oteo. Habían llegado al Torcal.
Aunque no hubiera muchos animales grandes para cazar, no les retrasaba. Los tres sabían vivir del terreno.
Merk se sentía algo mejor después de una semana fuera de la fragua y las emanaciones de arsénico asociadas a la fundición de la malaquita en cobre. Aunque no lo supiera expresar en esos términos, sabía que no le quedaba mucho de vida.
Capítulo 56.
Pasó una luna. Era verano. Se hallaban viajando hacia el amanecer.
Tras dos encuentros fortuitos con refugiados en busca de hogar, descubrieron que a Merk se le buscaba. Y no podía esconder el color de su piel.
Evitando valles donde pastaban las vacas y el trigo se doraba, siguieron viajando por terrenos agrestes.
De tan escarpados, que Merk les enseñó a cazar el Íbex. Técnica parecida a la del atún.
Escalando por encima de las cornisas donde pastaban, usaba su vieja arma de caza: el arpón.
Capítulo 57.
Llovió todo el día. Durante tres días. No podían parar ahora. Parar era morir.
De noche, mientras proseguían su huída, veían los fuegos de los cazadores de cabezas en la distancia.
De día, ni siquiera eso, pero seguían huyendo.
Merk tosía, escupiendo sangre contínuamente. Sita se hallaba dividida entre querer parar a ayudar a Merk, y no poder.
Esa noche, con Teri dormida, hablaron. Le fue franco. Sita se aferró a él, de nuevo amantes frente a la muerte. Pero esta vez, no había salida.
Yaciendo exhaustos por última vez, Merk dijo:
-"Debo irme, mi hechicera. Es mi hora."
-"¿Acaso debes irte hoy, ahora? Quédate con nosotras un poco más."
-"No. Una vez creí estar muerto estando entre los vivos. Ahora estoy vivo, camino de reunirme con mis muertos. Debes seguir, sin buscarme. Por Teri, por tí. Y por mí."
Merk desapareció en la noche.
Tras un rato de estupefacción, una queda lágrima rodó por la mejilla de Sita.
Capítulo 58.
Era una fría noche de invierno. En la cueva, Sita y Teri se acurrucaron bajo sus pieles junto al fuego.
-"Madre, háblame de Padre hoy. Salvo el tiempo que pasamos en la huída, nunca hablé mucho con él."
-"Tu padre fue un gran hombre. El Guerrero Negro, Que Cruzó el Mar Entre Mundos, Elegido de Toro, Mago de Fuego, Que Hace Sangrar a La Piedra."
Sita cogió un terrón de ocre, lo mezcló con grasa de carnero. Dibujó una silueta de hombre en la pared de la cueva, un arco sobre su cabeza entre brazos abiertos que parecían envolver el mundo.
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
High Wycombe, 9 de Septiembre, 2013.
Epílogo.
Era en un momento de reflexión personal en que surgió esta historia. Con la moral por los suelos, me planteo la pregunta "¿quién soy?"
La respuesta es simple, soy hombre. Soy el que era hace unos 200.000 años. Aunque hay días en los que me siento algo más viejo. Para distraer mi mente, empiezo a mirar arte antiguo. Yo soy algo raro en mis gustos. Tras ver algunas colecciones de Paleolítico franco-cantábrico, me pongo a mirar cosas más cercanas a mi zona.
Y me acuerdo de los vasos campaniformes que vi en un libro sobre la Prehistoria en Gran Bretaña. También tenemos de ésos en mi tierra.
Me topo con el Indalo, de nuevo. El Indalo es algo más que el logo del garito de Torreblanca a donde nos íbamos los viernes de noche a escuchar metal, y donde conocí a alguien muy especial.
A decir verdad, hay mucha conjetura y ninguna certeza sobre el significado de esa pintura rupestre. Y veo la similitud con el escudo heráldico de Andalucía. No sé si se diseñó con ese paralelismo en mente.
Me decidí a oponer mi versión de Hércules (Merk) a las versiones oficiales, la griega y la fenicia. A pesar del evidente anacronismo. Que me denuncien ante la Real Academia de la Historia, y me quiten el Doctorado en Paleontología. Como no tengo doctorado que perder, no pierdo el sueño con éso.
Quiero terminar con un saludo a tod@s mis amig@s. En particular a Kheltoum Hamma y María José Gómez Ocaña, por el tirón de orejas para iniciar el blog, y el apoyo personal. A Nerea Gómez Espiga, por saber hablar, y escuchar las historias de este perro viejo. Al Pedrete, con quien me pateé la ruta del Indalo y me ayudó a subir el precio del Tequila en ese garito.
A mis hermanas y hermanos del grupo Letras, con cariño y deseándoles las ganas y la libertad de seguir creando, lo vea alguien o no lo vea nadie.
Y a tod@s aquell@s, tant@s, que llamo mis amig@s y que no puedo entrar en detalle por falta de espacio u otras consideraciones. Vosotr@s sabéis quiénes sois.
Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.
9 de Septiembre de 2013.


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