miércoles, 11 de septiembre de 2013

Autocorrecciones. Ensayo.

Miro atrás. He tenido la pluma bastante activa éstos últimos meses. Más bien, hiperactiva.

Más de 400 versos en Facebook, varios relatos cortos. Pierdo la cuenta de los ensayos. Ahora, la mininovela. No os creáis que ése era mi ritmo. Pero no entro en detalles.

Cada vez que acabo una pieza, intento pasar la lupa, porque no soporto la vergüenza de publicar una falta de ortografía. Otra cosa son los juegos de palabras.

Y noto que muchas de mis frases empiezan con la conjunción "y". Como la última frase, que hice aposta. En verso corto, cuestión de estilo. En prosa, vicio de redundancia.

Y, al editar, suprimo muchas de éstas. Y noto que las frases no sólo no pierden significado, sino que ganan fuerza. Y, dejo de utilizar la conjunción. Este párrafo resalta dicha redundancia.

Tod@s tenemos manerismos en nuestro lenguaje hablado. Es parte de nuestra idiosincrasia. La palabra escrita es algo diferente.

La redundancia oral, que nos identifica como individuos, restringe la expresión y le quita fuerza a la palabra escrita.

En mi opinión, sólo hay una solución. El uso de la autocrítica, sin flagelarse. Cuando noto que una palabra tiende a aparecer más a menudo de lo que quiero, me pregunto: "¿Es palabra necesaria en la frase o muleta de expresión?"

Como dije, comparto las experiencias de las que aprendo (o creo aprender, que no es lo mismo). No soy experto, sino eterno estudiante.

Reivindico mi derecho al error y la pifia como herramientas de aprendizaje y crecimiento personal.

Juzga tu trabajo, sin ser excesivamente dur@ contigo mismo, crecerás. Y no te dejes paralizar por la autocrítica.

Un cálido saludo,

Raúl Pinto Ocaña, Francotirador Lémur.

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