Pasó una luna. Era verano. Se hallaban viajando hacia el amanecer.
Tras dos encuentros fortuitos con refugiados en busca de hogar, descubrieron que a Merk se le buscaba. Y no podía esconder el color de su piel.
Evitando valles donde pastaban las vacas y el trigo se doraba, siguieron viajando por terrenos agrestes.
De tan escarpados, que Merk les enseñó a cazar el Íbex. Técnica parecida a la del atún.
Escalando por encima de las cornisas donde pastaban, usaba su vieja arma de caza: el arpón.
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