Llovió todo el día. Durante tres días. No podían parar ahora. Parar era morir.
De noche, mientras proseguían su huída, veían los fuegos de los cazadores de cabezas en la distancia.
De día, ni siquiera eso, pero seguían huyendo.
Merk tosía, escupiendo sangre contínuamente. Sita se hallaba dividida entre querer parar a ayudar a Merk, y no poder.
Esa noche, con Teri dormida, hablaron. Le fue franco. Sita se aferró a él, de nuevo amantes frente a la muerte. Pero esta vez, no había salida.
Yaciendo exhaustos por última vez, Merk dijo:
-"Debo irme, mi hechicera. Es mi hora."
-"¿Acaso debes irte hoy, ahora? Quédate con nosotras un poco más."
-"No. Una vez creí estar muerto estando entre los vivos. Ahora estoy vivo, camino de reunirme con mis muertos. Debes seguir, sin buscarme. Por Teri, por tí. Y por mí."
Merk desapareció en la noche.
Tras un rato de estupefacción, una queda lágrima rodó por la mejilla de Sita.
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