martes, 3 de septiembre de 2013

Cueva de Los Letreros. Parte III. Renacer.

Capítulo 9.


Dolorido y maltrecho, Merk se despertó en la penumbra humeante de lo que parecía ser una choza. Una figura de mujer le daba la espalda, arrodillada frente al fuego.

Sediento, Merk no estaba seguro de qué modales observar frente a otro espíritu. Si pudiese levantarse, iría él mismo a buscar agua.

Su pierna derecha estaba entablillada, la inflamación, muy presente. Intentó levantarse.

La mujer se lo impidió, pareciéndole decir que se quedará sentado con gruñidos que no sabía entender. Si los dos eran espíritus, ¿cómo es que no hablaban el mismo idioma?

Hizo un gesto de llevarse una taza a la boca. La mujer le trajo una tisana humeante. Al ver que Merk no entendía, le preguntó en Fenicio:

  -"¿Prefieres agua?"
  -"Sí, por favor."

Para añadir a su confusión. ¿Cómo es que esta mujer entendía y hablaba el idioma de los Marineros del Este? ¿Acaso era el idioma de la Tierra de los Espíritus?

La mujer, al oír esa pregunta, se rió con una cascada de terciopelo de la que sólo es capaz una mujer viva, y le trajo agua.

Acto seguido, la mujer se presentó como "Sati", y le dió un cuenco de sopa de una carne recia, que sólo podía ser la del Uro.


Capítulo 10.


  -"¿Cómo es que atacaste a Toro totalmente solo? O eres el hombre más bravo que conozco, o bien estás loco, o eres un completo idiota."

  -"Daba igual,  ya perdí todo. Estaba desesperado, a pesar de estar muerto. ¿Son los otros espíritus tan curiosos como tú?"

Aquella risa libre de nuevo, llenando la choza y rebosando por la ventana y el hueco que hacía las veces de chimenea.

  -"¿Quien te dijo que estás muerto? Por un buen rato, casi lo estuviste, pero te aferras bien a la vida, Merk."

  -"Si no eres espíritu, ¿qué eres? ¿Quién es esta gente? ¿Cómo es que hablas en el idioma de los Marinos del Este?"

  -"Todo a su tiempo. Dime, ¿quién eres y por qué estás tan convencido de ser un espíritu de viaje?"

Y Merk le contó de su infancia en la costa, de la Roca en lontananza. Del atún, de Heb, de Lut, de los Marinos del Este que venían a por cobre, del accidente de caza. De su ostracismo y funeral. Del cruce a nado...

Y Sita le contó. Su pueblo era sólo una tribu de un pueblo llamado Iber.

Guardianes de la Roca. Devotos de Toro. Granjeros. Pescadores. Mineros de malaquita. Los Marinos del Este también visitaban estas costas.

Ella era Mujer Medicina. Hija adoptada de la anterior. Dedicada a cuidar a otros. Definitivamente, no un espíritu.

Merk aún seguía protestando de su condición de espíritu. Ella le convenció de la única forma que supo. Puso la manta a un lado y le mostró una mujer de carne y hueso.

Y le demostró que él también lo era.


Capítulo 11.


Y pasó media luna.

Merk, bajo el atento cuidado de Sita, siguió recuperando las fuerzas perdidas en el cruce y la hambruna posterior.

Y se sabía vivo. Aún no estaba seguro de si había estado muerto, o de si la Mujer Medicina simplemente le había convencido de algo que ya sospechaba. De todos modos, ella poseía una magia poderosa. Era innegable que ella podía resucitar a un muerto, si se lo proponía.

Apoyado en sus muletas, salió de la choza como cada mañana. Ya estaba empezando a comprender el habla de esta gente de tez aceitunada.

Y le llovían las preguntas. Los cazadores, impresionados por su súbita aparición, le apodaron El Guerrero Negro, Cruzador de Mar Sin Retorno, Elegido de Toro.

El jefe de la tribu buscaba su compañía, de la que sacaba más prestigio por asociación. Merk, por su parte, aprovechó la compañía para aprender el idioma y las costumbres.

Esta noche había un Festival. Era la Luna Llena de la cosecha. Fiesta de Fertilidad. La aparición cuasi milagrosa de Merk le daba un carácter especial.

Sentado a la sombra, Merk observó las cantidades ingentes de malaquita verde apiladas junto a la choza del jefe.

También observó no haber visto un simple objeto de cobre en su estancia. ¿Cómo podían tener tanta malaquita sin cobre?

Preguntar al jefe fue una revelación. Los Marinos del Este intercambiaban la malaquita por algo llamado "aceite". Una sustancia pegajosa usada como medicina, paral lámparas sagradas y platos de ofrenda a Toro.

Un brillo cruzó la mirada de Merk.

Notas de Viaje.


Ésta parte ha sido bastante breve.

Obviamente, Merk se está recuperando de sus heridas en un asentamiento de tipo Neolítico en lo que es hoy la provincia de Cádiz.

Un aparente anacronismo. La presencia fenicia en el Sur de Iberia en esta época. Lo asumo como licencia artística.

Aún así, hay evidencias de rutas marítimas y la tecnología náutica necesaria desde el Mesolítico.

Por otra parte, tiene sentido que los contactos iniciales hayan sido en torno a la comercialización de la malaquita como materia prima.

La economía del Sur de Iberia daría un gran salto adelante con la extracción del estaño, materia clave para fundir bronce, que sólo se encontraba en ciertas zonas, como el Suroeste de Gran Bretaña y el Sur de Iberia.

La siguiente parte de la novela me sumirá en investigación sobre la geografía de los yacimientos, así como sobre tecnologías paleometalúrgicas.

Considero éste como un proyecto interactivo, en el que tenéis la oportunidad de ver, en primera fila, el nacimiento de un libro. No sentais timidez si tenéis alguna pregunta o aclaración.

Esperando que estéis disfrutando de este proyecto la mitad de lo que lo estoy haciendo yo.

Un saludo.

Raúl.

EL FRANCOTIRADOR LÉMUR.

en 27.8.13

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