Bienvenid@s a mi más reciente proyecto.
En mi resurrección reciente como creador en letras, exploré (y sigo explorando) nuevas formas de expresión para las historias con las que me encuentro.
Un período de reflexión personal me llevó a cuestionarme a niveles muy básicos. Me hallé mirando (y admirando) la pintura rupestre del Paleolítico que nos ha llegado. Una cosa llevó a la otra...
Debo aclarar que no soy experto, pero que de siempre tuve interés en la Historia y sus manifestaciones en el arte.
La época es el Calcolítico, esa transición tan geográficamente diversa.
Aunque tengo una idea aproximada de cómo va la historia, aún me la estoy contando.
Éste es un viaje personal de descubrimiento. Espero que disfrutéis la mitad de lo que lo hago yo.
Sin más,
Raúl Pinto Ocaña.
en 22.8.13
África.
Capítulo 1.Merk miraba el cielo sin nubes de un julio en calma como otros muchos. Esperando a la orca que anunciaba el festín de atún de su pueblo.
Muchos no volvieron, y Merk tocaba su amuleto en homenaje silencioso de ello. Demasiados niños que dependían de los pescadores para comer. Con la lluvia excesiva, la caza se había desperdigado este año.
Era la deuda que contrajo con sus ancestros. Le dieron de comer cuando era niño, ahora le tocaba a él. A pesar de todo. El día llegaría en que su espíritu viajaría a la Roca allende el Mar, benefactor y verdugo.
Esa Roca que sólo un día claro, como hoy, se divisaba en brumas desde su costa.
Alto, membrudo, de oscura tez, Merk era uno de los iniciados. Además de trabajar el sílex y la madera, había tomado parte en expediciones en busca de la malaquita verde que tornaba en magia líquida y sólida. Cobre.
Ahora, calafateando el bote, siguió meditando. Deseaba que su espíritu fuera digno de la Roca.
Capítulo 2.
Diez botes osaron las bravas corrientes del Mar Entre Dos Mundos. Doce remeros por bote, arrastrando otro cada uno para acarrear la cosecha esperada.
Las grandes aletas dorsales de la orca en la distancia, persiguiendo el atún. Orca, amigo y devorador a un tiempo. Los guerreros del agua consideraban un gran honor formar parte del cuerpo de semejante amigo de la tribu. Un honor que nadie tenía prisa en alcanzar.
Merk, como iniciado, era patrón de bote. Esperaba la orden del Jefe de Caza para lanzar arpones. Se encontraba intranquilo hoy.
Heb se estrenaba como Jefe de Caza. Sólo había sido patrón de bote una temporada... pero era el hijo del jefe, asentando su futura autoridad.
La señal vino demasiado pronto. Aún el cerco no se había completado. Merk ordenó a sus pescadores que lanzaran sus arpones.
El agua hervía con aletas y sangre de atún. Grupos de arponistas halaban el gran pescado azul a medida que iban arponeando.
Un grito se oyó a la izquierda de Merk. Uno de sus arponeros había sido arrastrado, atado al cable. Sin pensarlo, saltó sobre la borda.
Golpeado por el atún, Merk tuvo dificultad en orientarse. Tras medio minuto de esfuerzo frenético, encontró el cabello del pescador. Tiró y tiró, hacia la luz de la superficie.
Gritos de horror al retornar al bote. Faltaban las piernas del arponero, claramente comido por un tiburón, ese demonio del mar...
Los botes se apresuraron de vuelta a la costa. El mal agüero había arruinado la caza. Merk estaba atado a la proa de su bote.
Capítulo 3.
Gritos de dolor atravesaban el poblado, llorando la pérdida de la caza a manos del demonio tiburón. El rescate de un cuerpo parcialmente comido por este depredador era un omen de mal augurio.
El espíritu del pescador había sido atormentado de la peor forma posible. Nunca llegaría a la Roca. El demonio volvería a atacar con impunidad, ahora que las defensas espirituales de la caza se habían quebrantado.
Merk, sentado detrás de la cabaña del jefe, aún se hallaba perplejo. Toda su vida pasando por sus ojos. No se hacía ilusiones.
Sólo había dos posibles opciones. Lavar la afrenta con su sangre en el altar, o ser el guardián de su compañero muerto. Debería guiar el espíritu atormentado a la Roca.
Aún maniatado e indefenso, sentía rabia.
Sabía que Heb estaba presionando a Lut para que se emparejara con él. Dulce Lut.
Que ahora, después del accidente, aparentaba no verle. Merk no podía esperar a hacerse cargo de su último viaje.
Manos firmes lo elevaron del suelo, y lo arrastraron al templo. Una nube de humo tornó la gran sala en formas difusas de animales a punto de saltar de las columnas para devorarlos.
Lut se hallaba allí también. Portaba la daga ceremonial junto a la Sacerdotisa, su madre. Al otro lado, Jefe y su hijo, Heb.
-"Un gran sacrilegio ha tenido lugar hoy. Un cuerpo que pertenece al mar fue robado, por este pescador. Es culpable de negar al espíritu de un valiente el descanso en la Roca."
La multitud, apelotonada, comenzó a temblar. Hacía falta un sacrificio.
-"Es por eso que este pescador tiene la tarea de acompañar al espíritu perdido a la Roca."
Acto seguido, Lut usó la daga para cortar el pelo de Merk, e hizo un cordón, mezclando éste con el pelo del difunto. La sacerdotisa habló de nuevo, al atarlo en su cuello.
-"Expía tus faltas en el Mar Entre Dos Mundos, y guía este espíritu a la Roca."
Merk se dirigió a la playa, seguido de la multitud.
Capítulo 4.
Merk estaba muerto. Desnudo como nació, cubierto en rojo ocre mezclado con grasa, se encaraba al mar. Su mente, un torbellino en paz.
Las miradas de desprecio habíanse cambiado por la apatía e indiferencia del que no ve. La única que reconocía su existencia era la Sacerdotisa, cuya labor era la de enviar su espíritu de viaje.
Al entrar en el agua, una sensación de irrealidad. La fría caricia del agua de mar en los testículos, tan desagradable. ¿Cómo era posible, habiendo muerto ya?
Con el agua al pecho, Merk empezó a bracear. Una canoa, con la Sacerdotisa y veinte remeros iniciados. En la proa, cómo no, Heb.
Una sensación de odio se apoderó de su pecho. ¿Cómo era posible que él, que ya estaba muerto, uno de los espíritus ancestrales, sintiera odio por un miembro de su tribu? Siguió braceando estoicamente.
Recortado contra la luna, el familiar islote con olor a perejil, con sus laderas vestidas de cabras. Siguió braceando. Había encontrado el ritmo de su respiración.
Quedaba claro que la Sacerdotisa pensaba acompañarlo, nutrir su espíritu en el viaje al más allá. La tribu la echaría de menos cuando tuviera que retirarse.
Llegó la mañana, Merk seguía braceando entre las olas, sorprendido de que el Mar Entre Dos Mundos no lo hubiera reclamado ya. Para prevenir el retorno de su espíritu al Mundo de los Vivos, la canoa proseguía su labor de escolta.
Durante la noche, la Sacerdotisa le había lanzado paquetes de comida y un par de bolsas de agua, como regalos votivos. Merk se sintió sorprendido de que la comida y el agua siguieran nutriéndole, a pesar de estar muerto ya.
Siguió nadando.
Con el sol en su cúspide, un grupo de delfines se acercó. Espíritus juguetones del mar, ahora que la Roca se divisaba claramente.
La Sacerdotisa tomó ésto como augurio de que la Roca aceptaba a los dos espíritus, y ordenó a Heb que iniciara el viaje de retorno. Era la primera vez que un espíritu había seguido tanto tiempo a flote.
Capítulo 5.
Pero estaba muerto. La prueba, los retozones guardianes del mar habían venido a guiarlo a la Roca.
Entre salto y salto, casi siempre había uno de ellos que le empujaba desde abajo para avanzar. Eso le dió ánimo, pues sus fuerzas empezaban a flaquear. ¿Cómo podía flaquear y estar muerto a un tiempo?
Las bravas olas rompientes le arrancaron de su distracción. Veía la Roca, a menos de 100 metros.
Sin embargo, las rompientes empezaron a dificultar sus esfuerzos. La corriente, que le había estado ayudando, ahora le arrastraba, de nuevo mar adentro.
Cambió de brazada, intentó nadar a través de la corriente, pero con tan poco resultado... y llevaba ya más de quince horas nadando.
Una serie de calambres causados por la hipotermia y el agotamiento le hicieron perder control de su cuerpo. El mar le reclamaba finalmente. Se sentía en paz, al saberse digno de la Roca.
Notas de viaje.
Un alto en el camino. Pero no por mucho. Merk sigue en aguas del Estrecho.
Cosas a tener en cuenta:
Evitar la discriminación temporal. Es bastante corriente subestimar a nuestros ancestros como brutos sin sofisticación. Nada más lejos de la realidad. Hay numerosos ejemplos documentados. Repito, no soy experto, pero las personas del mundo de Merk son como tú y como yo.
Religiones. Las personas aún vivían muy cerca de los recursos naturales. Las primeras interpretaciones suelen ser de tipo politeísta o panteísta.
Si se os ocurre la idea de cruzar a nado el Estrecho, contactad antes con esta asociación.
http://www.acneg.com/
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