La sangre aporreando las puertas de la razón con cada palpitación en la sien. Pregunto quién llama y oigo tu voz. Abro sin dilación.
Y me encuentro en el rellano una figura de humo que se muestra y oculta a la vez, ¿se oculta del mundo, de mí o de sí misma?
Las preguntas en tu ausencia se multiplican. Todas despejadas en una mirada de tus ojos, que ya dijiste que no ocurriría.
Ven y mata mis preguntas con una mirada y una confesión de lo que quieras. Sin miedo a tu aliado.
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