sábado, 15 de marzo de 2014

Instintos.

Abrigado al amparo que del viento le proporcionaba una peña, Leopoldo bebía el joven sol de marzo a través de su piel.

-"Hola", le dijo una joven pika al acercarse. "Me dijo mi mamá que me acercara a aprender tu olor, al ser el único leopardo que no caza."
-"Pues dile a tu mamá que ya lo hiciste y te pierdes, no ando de humor."
-"¿Puedo hacerle una pregunta?"
-"Abusas de mi paciencia de vegetariano. Pregunta y déjame con mis ideas."
-"Mi abuelo dice haber estado aquel día que usted y la cabra hablaron. Ha pasado tanto ya."
-"Dime algo que no sepa. Cinco minutos son 300 segundos. 300 segundos sin ella."
-"Si han sido años, ¿no es posible que se haya ido con otro?"
-"Más que posible, es seguro. ¿Y qué?"
-"Entonces, la perdiste ya."
-"Tanta inocencia... Nunca se pierde lo que no se posee. Y, sin embargo, nunca se fue."
-"Pero si está con otro..."
-"...tan sólo sigue sus instintos, al igual que yo sigo los míos. ¿Cómo amarla sin amarla tal y como es, aunque me condene a la ausencia? ¿Cómo poder negarme a ello, siendo instinto?"

Habían pasado cuatro años ya. Se hallaba consumido por las dudas y las certezas.

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