lunes, 24 de marzo de 2014

A mi compañera.

Estimada compañera:

Rogaría disculpara la intromisión. Aunque, bien mirando, quién podría decir que me inmiscuyo, cuando es entrada en mi blog y dudo mucho que a usted le llegue ésta.

Usted pensará (no sin parte de razón) que no me entiendo ni yo. Es más que posible, es bastante probable.

Sólo una pequeña divagación nocturna entre otras muchas. A veces, me encuentro pidiendo que sonría. Quizás debiera matizar algo más.

No le pido que sonría por sonreír, o por complacer a otr@s. No.

No le pido que sonría, pretendiendo que el mundo es perfecto, o lo va a ser a corto plazo. Tampoco.

No le pido que sonría frente al espejo porque sea usted perfecta. Ni mucho menos.

Tampoco le pido que sonría, pretendiendo que el hecho de que tenga este devoto admirador compensa los sinsabores cotidianos. Definitivamente, no.

Al fin y al cabo, me expreso mal, mi estimada compañera:

Le pido que sonría por complacerse a usted misma. Para que vea la belleza entre los paréntesis paralelos de sus labios.

Le pido que sonría porque, aunque el mundo es una mierda, usted hace lo que puede para que no lo sea.

Le pido que sonría porque, siendo imperfecta, es usted inspiración.

Le pido que sonría como desafío a los susodichos sinsabores, y porque usted no necesita de admiradores que le den validez.

Mejor pensado, no le pido que sonría. En vez de una sonrisa, le desearía un millón de razones para sonreír. Ya quisiera ser yo una de ellas.

Un cordial saludo de este viejo leopardo, que seguirá aguardando en su risco la llegada de un Tahr que posible (o muy probablemente) nunca llegue. Lo hace porque no tiene elección, es instinto.

De su amigo y compañero.



El Francotirador Lémur.

P.S. Beauty is not in the eye of the beholder. The beholder appreciates it (or not), depending on the sharpness of his eye.

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