Lux y el Descabellado Barbudo se hallaban en su café favorito de mi lóbulo frontal, la mano de ella sobre la de él.
Huraño, con la vista pegada al suelo, El Barbudo musitaba para sí:
-"Nnncht."
-"Lo sé, hermano, es duro, ¿acaso crees que yo no la extraño? A cada momento que pasa. El hueco que deja, no lo puede llenar nadie, éso siento yo también."
El Descabellado Barbudo apoyó las sienes sobre los puños crispados, trémulos. Un suave gemido escapó de su pecho.
-"Ya, te hallas agotado. Lo entiendo."
-"¡No, no lo entiendes! Seguramente que ahora mismo se está riendo de nosotros. O, al menos, de mí. O, peor aún, la compasión la mantiene a distancia. Daría la vida por ella, pasaría día tras día sin poder tocarla (¡Ay!), ¡lo que hiciera falta! Es el no saber cómo se halla..."
-"¿Crees que eres el único? ¡Mírame! Puede que sea así, que se ría, o que sea pena, ¿y qué? Crees que una mujer es tan diferente a un hombre ahí donde cuenta? No hay forma de saber qué piensa, o si nos extraña, aún cuando sólo nos conoció en germen."
Una ráfaga de aire al abrirse las puertas del café. Francotirador Lémur, de paisano y sin su Mauser.
La expresión sombría y el ceño fruncido contrastaban con la comicidad de sus saltitos laterales. A cada lado de él un hombre con un caftán, uno barbudo, el otro lampiño.
-"Recibí tu llamada, Lux. Perdona por el retraso, tuve que parar para recoger a estos dos."
-"No podemos seguir así..."
-"Lux, lo sé. Se fue. Volverá o no, sólo nos queda prepararnos para una larga espera. ¿Crees que no miro fijamente la puerta del antro cada sábado noche? Las bandas (cuando las hay), son más de los mismo. Es a ella a quién espero. Debemos asumir que no vendrá. Seguiré esperando con vosotros, por supuesto. Fui yo quien comenzó la espera."
El barbudo del caftán, con turbante en la cabeza, pidió un té de menta al camarero tras sentarse. Parecía que anduviera constantemente estreñido, dado el rictus en su semblante.
El otro, con una expresión beatífica, como si se hubiera fumado media Ketama, se acuclilló pausadamente con una cierta gracia felina.
-"El problema es que dejamos de contar chistes. Estos dos, Mahoma y Krishna se ofrecieron a unirse al equipo para reparar el daño que hicieron. Igual nos traen algún chiste..."
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