miércoles, 12 de febrero de 2014

Sorpresas.

Un raro momento de reflexión, en charla con Lilith y Musa...

Hablando de admiradores que vienen a la página, o poetas con los que otrora trabajamos, y la veleidad que parecen mostrar al decir "estoy enamorado". Primero de una, acto seguido de la otra, en sus páginas de firma.

Lanzo la idea: "cuidado con el poeta, que sabe usar la lengua para dorar la píldora." La respuesta inmediata: "el poeta no se enamora de una, sino de estar enamorado en general."

Puede ser. ¿Quién soy yo para desmentirlo? Mi opinión no tiene carácter de estadística.

Aunque la tuviera, detrás de cada número habría una persona ligeramente diferente de la anterior, con diferentes ilusiones, esperanzas y expectativas. Y, siempre, la excepción que confirma la regla.

Vi a muchos de ésos en los círculos de Acción Poética, en romances textuales de tres días, en los que creen haber hallado lo que andaban buscando. Después, el desencanto consiguiente...

Debe haber algo de verdad en esa afirmación. Algo. Sería caer en falacia de generalización el afirmar, basados en tan poco...

Lo curioso es que yo no andaba buscando, sino huyendo. No quería saber de más complicaciones. ¡Sorpresa!

No fueron un chat ni dos, no entraré en detalles en una entrada pública de blog (algo tarde para ser tan remilgado, ¿no?). Cuán jodido resulta ésto de ser excepción a la regla.




Viviendo a salto de mata,
desligándome de lo incierto,
pensándome en vida ya muerto,
enderezando la errata.

Te apareciste inmediata,
oasis en mi desierto,
ahora soy loca del puerto,
desmintiendo mis bravatas.

Mi esencia de hombre maniata,
sabor de tu recuerdo
en mi cabeza insensata.

Tarde en la noche, despierto
busco, en vano, la gata
 que de esclavo hizo liberto.




















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