La semicogorza que de semi sólo tiene esas letras extra.
Refrescado en mi complicidad con la banda, los ojos del músico psicópata me delatan al mirar con ojo clínico el trastero... y la sonrisa delatora y cómplice al equivocarse el músico de acorde.
A pesar de tener a mi guitarra tan olvidada como ... no importa.
Hago lo que puedo en buena conciencia. Debe ser suficiente.
Y, sin embargo, no lo es. Obviamente.
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