Por mi parte, borraría quince abecedarios de mi parva mente por deshauciarte de mi memoria. Ni puedo ni quiero. Mi pecho grita un comienzo de tu nombre...
Líquido y lánguido el fulgor de tus globos oculares,
lúmina liviana que eleva la locura,
locuaz, la lava en la ladera del volcán de la pasión.
L
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