Las botellas que lanzo vuelven a estrellarse en mi cara tras rebotar en la gomaespuma de las olas.
Lacerado por mis propios mensajes, ultrajado y vilificado, no tengo una piedra en que recostar mi cabeza.
Busco consuelo en las rondallas, que son dedicadas a tí, y nunca te lleguen. Me desgañito entre las cuatro paredes del horizonte que forman mi burbuja.
¿Dónde está mi amiga?
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