Parecerá aspaviento mi verso con tintes clásicos, pero no es pretensión, me da la vena por ahí a veces.
Ridículo me parezco, pero siento la inevitabilidad de la avalancha que me arrastra, y siempre tengo algo, como este romance de juglar en hexasílabos, para tí:
Me acuerdo del sapo,
verano extremeño,
príncipe verrugoso
escondido bajo el leño.
Cazando lagartos,
libélulas, arañas,
grillo y ciempiés,
rana entre espadañas.
Soñábate en mis juegos,
bicicleta rauda,
senderos de cabras,
la muerte defrauda.
la muerte defrauda.
Hombre ya, canoso,
conoce a tu niña
de fémina vestida.
Flor, luz, viña.
Malhaya mi suerte,
teniendo en mi mano
todo, por no osar,
de amigo a villano.
Espalda torneada,
de mis yemas néctar.
Ahora es un muro
al que nada afecta.
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