Esta historia (con diferentes variaciones) es una de las favoritas de E. Resulta duro que M. ni siquiera la sepa. Algún día, ya tarde para esos cuentos, quizá la lean.
"Un día, E. fue al servicio, hizo pipí. Una de las gotas, con sus hermanas, viajaron por el bajante al tirar de la cadena.
La gota se halló en el Támesis, bajando entre juncos, jugando con otras gotas. Los patos, cisnes y gansos canadienses revolvían la corriente, que poco a poco limpió la gota.
Pasó por delante del Ojo de Londres, el Parlamento, la Torre y su puente, como hicieron muchas gotas desde antes de que la gente se asentara junto al río.
Mecida por las olas del Mar del Norte, nuestra gota llegó al círculo polar, donde pasó a ser parte del hielo marino, esa explanada donde el oso caza focas que esconden sus bebés entre las gotas heladas.
Los días se alargaron, nuestra gota, límpida y prístina, entró en las agallas de un bacalao y se quedó allí a vivir un tiempo.
El bacalao cayó en una red, acabó siendo cocinado. La gota de agua sigue en esa persona, sólo por un rato."
Dormid, mis princesas."
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