De nuevo, el Lémur se halla en su cita semanal con lo imprevisto en The Hobgoblin, escuchando música, mirando a la puerta. Es lo único que este ateo hace de forma religiosa. Con tantas variables en mi ecuación de desencuentro, debe haber una constante si quiero que se despeje.
Las dos próximas horas son el punto de inflexión de mi semana, con la ínfima posibilidad (que sigue siendo de 10 elevado a -n) de que te presentes.
Tengo una ventaja sobre la loca del puerto. Te arrastró la vida, no la mar. Un poco de jazz para amenizar mi espera.
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